Lectura: Lucas 15:25-32

Algunos han clasificado los pecados como: “pecados de la carne” y “pecados del espíritu”; los que dicen esto afirman que los primeros se originan debido a las pasiones físicas, mientras que los otros provienen del corazón o temperamento.

En la lectura devocional leímos la conocida historia del hijo pródigo, la cual ilustra estos “tipos” de pecado de una forma muy vivida.

Por lo general tendemos a juzgar rápidamente al hermano menor diciendo que su comportamiento fue peor y que obedece al primer tipo de pecado.  Pero al terminar la historia, el hijo menor arrepentido de sus acciones es restaurado y perdonado, y experimenta el gozo del reencuentro familiar, mientras que su hermano mayor muestra una actitud de enojo, y se niega a compartir la alegría por el hermano que había regresado al hogar luego de haber estado perdido.

Si analizas al hermano mayor, te encuentras con un ejemplo del segundo tipo de pecado; en su corazón hay resentimiento y odio, mostrando con sus acciones la oscuridad que había en su corazón.

El descontento, los celos, la amargura, la envidia, estar a la defensiva, la ingratitud, entre otras muchas reacciones emocionales, arruinan las relaciones con los hijos, alejan a los amigos, y amargan la vida de una forma inimaginable.

Es fácil justificar el mal humor y caer en el engaño de la hipocresía, es por eso que debes estar atento examinando tus pensamientos y corazón, de forma que no dejes que estas emociones contaminen tu vida y la de tus seres queridos.  Cuando surjan identifícalas, reconócelas, déjalas ir, no te aferres a ellas, experimenta el perdón de Dios para ti y para quienes te rodean.

  1. No dejes que el mal humor te haga perder los buenos momentos que puedes disfrutar con los que amas.
  2. El resentimiento proviene de mirar a los demás, el contentamiento proviene de mirar a Dios.

HG/MD

“Sin embargo, grande ganancia es la piedad con contentamiento.” (1 Timoteo 6:6).