Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.
Lectura: Colosenses 3:12-17
Durante estos treinta días hemos seguido un camino largo: autores humanos guiados por Dios, rollos, copistas, comunidades, manuscritos, traducciones, imprentas, persecución, lectores transformados y esfuerzos actuales para llevar la Escritura a más idiomas. Pero una historia de miles de años puede terminar inútilmente si la Biblia llega hasta nuestras manos y se detiene allí.
Pablo no dice simplemente: “Tengan la palabra de Cristo cerca”. Dice que habite abundantemente en ustedes. La imagen es la de algo que encuentra hogar, que ocupa espacio, que influye en la vida de la comunidad. La Palabra debe pasar de la página al pensamiento, del pensamiento al corazón, del corazón a las palabras y de las palabras a las acciones. Por eso el versículo continúa hablando de enseñarse y amonestarse unos a otros con sabiduría.
Una Biblia habitando en nosotros produce una fe que puede recordar la verdad cuando llega el temor, corregir el orgullo antes de una discusión, resistir la tentación cuando nadie observa, consolar a otra persona con algo más sólido que una frase vacía y explicar el evangelio cuando alguien pregunta por nuestra esperanza. Ese tipo de vida no surge por acumulación de datos, sino por una relación constante de escucha y obediencia.
La serie termina, pero la lectura no. De hecho, aquí comienza el verdadero desafío. No necesitas convertirte en especialista para ser transformado por la Escritura. Necesitas acercarte con fe, aprender a leer correctamente, permanecer cuando no entiendes, recibir corrección, recordar el evangelio y practicar lo que Dios muestra. Y luego compartirlo. La Palabra atravesó generaciones para llegar a nosotros; ahora debe atravesar nuestra vida para llegar también a otros.
Y la Palabra que habita en nosotros también debe habitar entre nosotros. Colosenses conecta su riqueza con enseñarnos y amonestarnos unos a otros. Eso significa que una vida bíblica no termina en el devocional privado. Se escucha en nuestras conversaciones, aparece cuando consolamos, corrige cómo resolvemos conflictos y da contenido a nuestras canciones y gratitud. El mejor cierre para esta serie no sería decir “terminé treinta días”, sino comenzar una nueva etapa en la que la Escritura tenga cada vez más espacio en nuestra mente, hogar e iglesia.
Conclusión. La meta final no es saber más acerca de la Biblia, sino conocer mejor al Dios que se revela en ella y permitir que su verdad forme nuestra manera de vivir.
Puntos para la reflexión
- Define hoy un plan concreto para continuar leyendo después de esta serie: libro bíblico, horario y ritmo realista.
- Comparte con alguien una verdad que te haya marcado durante estos treinta días y anímalo a comenzar su propio camino de lectura bíblica.
Versículo para memorizar: — “La palabra de Cristo habite abundantemente en ustedes, enseñándose y amonestándose los unos a los otros en toda sabiduría con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando con gracia a Dios en su corazón.” (Colosenses 3:16 – RVA-2015)
Oremos. Señor, gracias por tu Palabra y por el camino que ha recorrido hasta nosotros. Haz que habite abundantemente en mí, transforme mi vida y fluya de mí para bendecir a otros. Amén. HG/MD. Ahora también puedes acceder a nuestros Podcasts especiales en Spotify, YouTube y Apple Podcast.





0 comentarios