Lectura: Salmos 119:9-16

Los que tocan algún instrumento, sabrán que la memorización es muy importante.  Un amigo contaba que a su profesora de piano no le bastaba con que interpretara una pieza sin errores, además las debía ejecutar a la perfección y de memoria.

El razonamiento de su profesora era que cuando a sus alumnos les pidieran tocar una pieza en particular, no dijeran: “Lo siento, pero no tengo la partitura”.

En mi niñez y mi juventud, se nos motivaba mucho a memorizar pasajes bíblicos, y por ello me esforzaba bastante en aprender bastantes pasajes, e inclusive en algún momento me premiaron con una pequeña Biblia al aprender una determinada cantidad de versículos.

Es muy bueno desarrollar el hábito de la memorización bíblica, no por el hecho de ganar un premio o porque traiga algún tipo de bendición especial, ya que muy pronto en mi juventud aprendí que el hecho de memorizar palabras en mi cabeza no modificaba mucho mi conducta, pero cuando comprendí que además de memorizarla, debía comprenderla y ponerla en práctica en los casos aplicables para este tiempo, ahí si podía observar una gran diferencia.

  1. Necesitamos memorizar, aprender, poner en práctica la Palabra de Dios, y guardarla en nuestro corazón, para que nuestra vida genere las más hermosas melodías de vida.
  2. Tenemos que vivir nuestra vida de la misma manera en que podemos citarla, cuando esto sucede el pecado deja de ser atractivo, porque el poder de su Palabra está en nosotros.

HG/MD

“En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmos 119:11).