Lectura: Lucas 12:22-31

Aunque no quisiéramos, en ocasiones tenemos dudas sobre nuestra fe y más cuando se trata de enfrentar problemas, se nos hace muy difícil aceptar las palabras del Señor al decirnos que no debemos preocuparnos por el mañana.

Y es que en ocasiones nos causa tanta inseguridad no saber que pasará mañana, por ejemplo: qué sucederá si nos despiden, si nos enfermamos, o si algún ser querido sufre. Quizás uno de nuestros más grandes temores es no tener techo o comida.

En una conversación no hay palabras que nos causen tanta angustia como “¿Y sí…?”.  Cuando escuchamos esto, nuestra imaginación empieza a volar, pensamos en innumerables escenarios y situaciones pesimistas.  Nunca pensamos en el hecho de que nuestras necesidades básicas siempre han sido satisfechas y que además en el presente tenemos lo suficiente para vivir; siempre existe el temor de que algo malo ocurra.

Hasta cierto punto siempre es bueno planificar nuestro futuro; la sed imaginaria sobre el futuro siempre estará con nosotros, es una sed que no se apaga, aunque nuestro pozo esté lleno hoy.  Es por ello que el Señor nos dice que es inútil preocuparse por el futuro.  No debemos traumatizarnos con lo que podría suceder, ni con lo que tenemos que hacer, una necesidad “imaginaria” sobre el mañana es algo que Dios no puede satisfacer.

1. Piensa por un momento ¿te ha dado Dios el alimento suficiente hoy? Entonces confía en que Dios también proveerá para mañana, eso sí, cuidado recuerda lo que aconseja el apóstol Pablo: “Aun estando con ustedes los amonestábamos así: que si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2 Tesalonicenses 3:10).

2.    La preocupación es un interés que se paga sobre los problemas antes de que se presenten.

HG/MD

“Dijo a sus discípulos: Por tanto, les digo: No se afanen por su vida, qué han de comer; ni por su cuerpo, qué han de vestir.” (Lucas 12:22).