Lectura: Juan 17:1-5; 20-26

Cuando te dicen la palabra: “eternidad”.  ¿qué viene a tu mente? Si te cuesta imaginar algo, bienvenido al club; este es un concepto sencillamente complejo y a tu mente finita le cuesta asimilar la idea de algo interminable.

Arthur Malcolm Stace (1885 – 1967), era conocido como el señor Eternidad, un veterano de guerra, que en un momento de su vida cayó en las garras del alcohol, y que ganó notoriedad luego de que viniera a los pies de Cristo y difundiera su fe de una forma sencilla, escribiendo con tiza por todas partes de su natal Sidney la palabra: “eternidad”. Por más de 35 años, desde 1932 hasta su muerte en 1967, el sentía un peso en su corazón al pensar que las personas quienes no habían depositado su fe en Cristo, se dirigían a una eternidad separada de Dios.

Cuando la Palabra de Dios habla de la vida eterna, hace referencia a nuestra relación con Dios, y no solamente al paso del tiempo.  Nuestro Señor definió la vida eterna de una forma muy apropiada en Juan 17:3: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”.  La eternidad implica una existencia que nunca cesará y la pregunta que debes hacerte con respecto a esa realidad es: ¿dónde pasaré esa eternidad?

Día a día, cada uno de nosotros camina hacia la eternidad; ese camino que sigues ¿te está llevando a la experiencia más gozosa de tu vida o a la más terrorífica?  La respuesta a esta pregunta reside en tu relación con Jesús.  Tan sólo Él ha provisto el único camino al Padre (Juan 14:6; Hechos 4:12), su sacrificio perfecto hace posible que tengas la eternidad a tu disposición (1 Tesalonicenses 4:17).

  1. ¿Qué significa Jesús para ti?  Tu respuesta determinará el lugar donde pasarás la eternidad.
  2. Si tan sólo vives para esta vida, tendrás toda la eternidad para lamentarte.

HG/MD

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado” (Juan 17:3).