Lectura: Tito 3:3-7
En una feria, un joven intentó ganar un premio participando una y otra vez en un juego de puntería. Después de gastar casi todo lo que llevaba, comprendió que había pagado mucho más que el valor del objeto que quería obtener. Algunas personas se acercan a Dios de una manera parecida: acumulan méritos, promesas y esfuerzos esperando comprar una aceptación que nunca podrían costear.
Pablo recuerda en Tito 3 que antes de conocer a Cristo éramos esclavos de deseos, engañados y separados de Dios. Luego introduce una de las expresiones más esperanzadoras del evangelio: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador». La salvación no apareció porque la humanidad hubiera mejorado, sino porque Dios actuó con misericordia. Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su gracia mediante Jesucristo.
Esta verdad libera tanto al que se siente orgulloso como al que vive aplastado por la culpa. El orgulloso descubre que no puede presentarse ante Dios presumiendo sus logros. El culpable descubre que su pasado no es más grande que la gracia del Salvador. Nuestra esperanza eterna descansa en una obra terminada fuera de nosotros: la muerte y resurrección de Cristo. Las buenas obras vienen después, como fruto agradecido de una vida salvada, nunca como el precio de la salvación.
No necesitas negociar con Dios ni prometerle que te convertirás en una persona perfecta para que te reciba. Necesitas confiar en Cristo. Y si ya eres creyente, deja de vivir como si cada fracaso cancelara el amor que recibiste por gracia. La misma gracia que salva también enseña, restaura y transforma.
Puntos para la reflexión:
1. Examina en qué estás apoyando tu seguridad delante de Dios: tus obras, tu historia religiosa o la obra de Cristo. Renuncia a cualquier confianza que compita con el evangelio.
2. Comparte esta semana con una persona, en palabras sencillas, por qué la salvación es un regalo de la gracia y no una recompensa por buen comportamiento.
Versículo para memorizar:
«Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho sino según su misericordia». Tito 3:5a – RVA-2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.





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