Lectura: Salmos 85:1-13

Al igual que un eclipse trae penumbras temporales sobre la tierra, en muchas ocasiones dejamos que las circunstancias momentáneas nos hundan en la oscuridad del desanimo.  Tan grave puede ser nuestra depresión que pensemos que ni siquiera Dios puede ayudarnos.

Esa deprimente actitud era la que tenía Robert Cushman, uno de los primeros peregrinos ingleses quien en 1620 viajaron a lo que después conoceríamos como los Estados Unidos, él pronunció las siguientes palabras en un momento de desesperación en su navegación a tierras americanas: “Si alguna vez sembramos una plantación en Nueva Inglaterra, ¡será un milagro de Dios!  Sobre todo, si consideramos las pocas provisiones que nos quedan y lo peor de todo, lo desunidos que estamos.  Si les escribiera acerca de todas las cosas que predicen nuestra ruina, sobrecargaría mi débil cabeza y afligiría su corazón.  Solo esto les pido.  Prepárense para los males que tendremos todos los días.  Razonablemente no veo cómo podremos escapar.  Oren por nosotros cada instante”.

A pesar de los temores de Cushman, Dios llevó a aquel grupo de peregrinos a salvo a su destino y les permitió construir sus hogares en un mundo nuevo para ellos.

En nuestra lectura devocional en Salmos 85, leímos sobre la providencia divina; el autor conocía como Dios había provisto para su pueblo Israel en el pasado (v.1-3).  Ahora estaba clamando para que Dios nuevamente liberara a su arrepentido pueblo del mal que les asechaba (v.4-7) y finalmente esperaba con confianza plena la respuesta de Dios a su sincera oración (v.8-13).

Tal como en el pasado la providencia de Dios sigue estando con nosotros y nos acompañará aun en las horas más oscuras de nuestras vidas.

  1. Cuando la vida te derrumbe, mira hacia arriba y clama al Señor.
  2. Confiar en Dios y en Su perfecta voluntad nos hace crecer y depender totalmente de Dios, después de todo sólo, somos peregrinos en esta tierra (Hebreos 11:13).

HG/MD

“Ciertamente cercana está su salvación para los que le temen, para que habite la gloria en nuestra tierra” (Salmos 85:9)