Lectura: Job 4:1-4

Un día escuché la historia de un ministro que había muerto, y a su funeral asistieron innumerables cantidades de personas, en la iglesia no cabía ni un alma más, y durante el servicio, en su memoria hablaron muchos quienes contaron anécdotas, historias y enseñanzas que habían llegado a lo más profundo de sus corazones.

Finalmente, pasó uno de los mejores amigos del ministro y realizó el siguiente comentario sobre aquella situación: “Estoy de acuerdo con todos los que han pasado hoy a hablar de nuestro amado amigo y hermano, pero hoy quiero desafiarlos a todos los que se encuentran en este lugar; si la iglesia en la cual hoy estamos reunidos, recibiera a esta cantidad de personas siempre, les aseguro que el impacto positivo que tuvo la vida de nuestro amado amigo, hubiera sido 100 veces mayor”.

El hombre siguió compartiendo palabras que venían de su corazón: “Nuestro amigo quien hoy está en la presencia del Señor, continuamente me decía que le dolía ver bancas vacías, ya que esto demostraba que muchas personas que asistían a la iglesia, no tenían un compromiso lo suficientemente fuerte con Jesús, y por ello sufría, pues sabía que había muchísimas personas que seguían necesitando oír el plan de salvación, y al pensar en esto recordaba las palabras de nuestro Señor: A la verdad, la mies es mucha, pero los obreros son pocos. (Mateo 9:37)”.

No esperes que una persona muera para expresarle tu amor y respeto, ¡hazlo hoy!, y sobre todo recuerda que todos tenemos el privilegio de llevar el mensaje de salvación a un mundo perdido, no sólo es función de aquellos que trabajan para la obra del Señor a tiempo completo.

  1. Anima a tu ministro con acciones que demuestren tu compromiso con Jesús y con el trabajo en equipo con las personas que sirven en tu iglesia local, además dile lo valioso que es su trabajo para ti.
  2. Recuerda el desafío de nuestro Señor: “Entonces dijo a sus discípulos: “A la verdad, la mies es mucha, pero los obreros son pocos” (Mateo 9:37). Necesitamos de toda nuestra creatividad en este tiempo de pandemia, para seguir compartiendo el evangelio.

HG/MD

“Tus palabras levantaban al que tropezaba, y fortalecías las rodillas endebles.” (Job 4:4).