Lectura: 1 Juan 3:16-24

Nunca debemos olvidar que a menudo el Espíritu Santo usa circunstancias adversas para que las personas entiendan que tienen una necesidad real.  También, el Espíritu Santo puede utilizar esas mismas circunstancias adversas para ayudarnos a compartir con otros el amor de Dios.

En una ocasión estábamos orando por un joven que no conocía a Jesús como su Salvador y Señor, pero no conseguíamos encontrar la oportunidad para acercarnos intencionalmente y presentarle el mensaje de salvación.  De repente, su mamá nos llamó para decirnos que oráramos por su hijo, ya que había sufrido un accidente de tránsito mientras viajaba con un amigo y ahora luchaba por su vida en la sala de emergencias; fueron días complicados para todos, pero esta situación nos permitió tener el tiempo y espacio para compartir nuestra fe con estas personas.

Finalmente, el joven salió bien de esa situación y poco a poco fue mostrando más interés por conocer a Dios; varios meses después nos pidió que empezáramos un estudio bíblico y sus padres al ver esto, sintieron curiosidad sobre las razones por las cuales su hijo estaba interesado en la Biblia; él también empezó a compartir con ellos lo que estudiábamos y a los pocos días también estaban aprendiendo sobre la Biblia. Los invitamos a la iglesia y aceptaron, con el tiempo entendieron su necesidad de que Cristo fuera su Señor y Salvador.  

1. Si has decidido compartir tu fe, recuerda que el Espíritu Santo debe ser parte de la ecuación al presentar el mensaje de salvación (Juan 16:8), ora a Dios para que te guíe y te de discernimiento, no olvides que Dios está a cargo de todo, Él es el dueño del tiempo.

2. La mano de Dios es la que abre el corazón para que una persona escuche y entienda el evangelio (Hechos 16:14).

HG/MD

“Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).