Lectura: Lucas 1:5-25
En la gaveta puede quedar durante mucho tiempo una solicitud que nunca recibió respuesta. Con los años, quien la presentó deja de revisar el correo y asume que la oportunidad pasó. Algo semejante puede ocurrir con ciertas oraciones: seguimos creyendo en Dios, pero dejamos de esperar que Él responda de una manera concreta.
Zacarías y Elisabet habían orado por un hijo. Ambos eran justos delante de Dios, pero llegaron a la vejez sin recibir lo que habían pedido. Mientras Zacarías servía en el templo, un ángel le anunció que su oración había sido oída y que nacería Juan. La demora no significaba que Dios hubiera ignorado su clamor. La respuesta estaba ligada a un propósito mucho mayor: preparar el camino para la llegada del Mesías.
Zacarías reaccionó con incredulidad, quizás porque el paso del tiempo había reducido sus expectativas. Nosotros también podemos acostumbrarnos tanto a una necesidad que terminamos considerando imposible cualquier intervención de Dios. Sin embargo, el Señor no está limitado por nuestros calendarios. Él puede responder de una forma distinta, en otro momento o con un propósito más amplio de lo que imaginamos.
Esto no significa que toda oración recibirá exactamente la respuesta deseada. Dios sigue siendo sabio y soberano. Pero sí significa que ninguna oración presentada conforme a su voluntad es inútil. Él escucha, forma nuestro corazón mientras esperamos y utiliza incluso la demora. Continúa orando sin convertir tu petición en una exigencia. La esperanza madura sabe pedir con confianza y, al mismo tiempo, someterse a la sabiduría de Dios.
Puntos para la reflexión:
1. Retoma una petición que abandonaste por cansancio. Pero ahora añade lo siguiente: “Señor Jesús, cumple tu voluntad y forma mi corazón mientras espero en Ti”
2. Conversa con un creyente maduro acerca de una respuesta tardía de Dios en su vida. Escucha qué aprendió durante la espera, no sólo cómo terminó la situación.
Versículo para memorizar:
“Porque nada hay imposible para Dios”. Lucas 1:37 – RVA-2015.
Oración final
Señor Jesús, tú no estás limitado por mis calendarios ni olvidas las oraciones que he presentado delante de ti. Dame constancia para seguir pidiendo sin convertir mis deseos en exigencias. Forma mi corazón durante la demora y ayúdame a recibir tu respuesta, sea un sí, un no o una espera. Confío en que tu sabiduría es mayor que mi comprensión. En el nombre de nuestro Señor Jesús, Amén.
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Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.





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