Lectura: 1 Corintios 2:1-5

En un mundo conectado como en el que vivimos, los delgados postes telefónicos que soportan el cobre o fibra óptica, han hecho posible que nos podamos comunicar desde nuestros teléfonos o nuestras casas, han acortado las distancias entre las personas y han posibilitado miles de negocios a nivel mundial. 

Al ver esos postes, por la forma que tienen parecen el mástil de una cruz; al mirar el poste que hay frente a mi casa pensé en la tosca cruz de Cristo.  Piensa por un momento.  Debido al sacrificio realizado en esa cruz tenemos entrada al trono de su gracia “Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).  Dios escucha las oraciones de todos los creyentes en la tierra y por supuesto todo creyente debe tener el profundo deseo de compartir con otros el mensaje del evangelio.

El apóstol Pablo tenía siempre presente en su mente lo que implicaba la cruz y lo escribió en su carta a los Corintios al decirles: “a Jesucristo y a este crucificado” (1 Corintios 2:2).

  1. La próxima vez que veas un poste telefónico, piensa por un momento en la cruz y lo que esto implicó para tu vida.
  2. Nada habla más claramente del amor de Dios que la cruz.

HG/MD

“Porque me propuse no saber nada entre ustedes, sino a Jesucristo, y a él crucificado” (1 Corintios 2:2).