Lectura: Hechos 16:25-34

Luego de haber sido golpeados y azotados los enviaron a la cárcel (Hechos 16:16-24), y aun en medio del dolor, Pablo y Silas empezaron a cantar. La mayoría de nosotros hubiera dicho: “¿Estás loco? ¿Cómo puedes cantar después de haber recibido semejante desprecio y odio?”

Pablo y Silas estaban lejos de sus hogares en una ciudad extraña, arriesgando su vida con el fin de proclamar las buenas nuevas del evangelio; sin embargo, la respuesta de hombres con motivaciones egoístas, fue adversa; divulgaron mentiras acerca de lo que estaban haciendo, y exigieron que los golpearan y echaran a la cárcel.

Bajo todas esas circunstancias, estos dos hombres comenzaron a cantar, la única explicación posible: estaban haciendo lo que Dios quería que hicieran.  Cantos de medianoche, eso eran; pero no eran cantos de tristeza ni de odio, se trataba de cantos de gozo, tan extraordinarios como el canto de los ruiseñores que siguen cantando aun cuando otros pájaros duermen, el ruiseñor canta por la noche por que Dios los diseñó de esa forma.

Cuando el Señor es quien acompaña nuestras vidas, podemos cantar aun incluso en las horas más oscuras, ya que nuestro gozo no depende de cómo nos sentimos, sino de la misericordia y gracia de nuestro gran Dios.

  1. Siempre habrá un canto de esperanza en Jesús, aun cuando todas las demás luces se hayan apagado.
  2. Nuestra razón de ser radica en conocer a nuestro Señor (Juan 17:3), y podremos cantarle a Él aun en medio de la oscuridad.

HG/MD

“Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los presos les escuchaban” (Hechos 16:25).