Lectura: Lucas 19:1-10

Mis amigos decidieron realizar una venta de garaje. Cuando el día llegó todo iba muy bien, era un día soleado y las personas hurgaban entre la ropa, los libros y la vajilla de diversos diseños.

Ya había una cantidad considerable en el lugar, cuando se acercó un joven quien se detuvo a mirar una máquina de video juegos, actuaba un poco extraño y nervioso, así que mi amigo le preguntó si estaba interesado en aquel objeto; aunque el joven le dijo que no, se puso a ver otras cosas, así que mi amigo se fue a atender a las demás personas.  Pero, a los pocos minutos regresó donde estaba el video juego, el cual para su sorpresa había desaparecido junto con su admirador.

De inmediato se fue a buscarlo y lo localizó en la calle, le preguntó qué tenía en su mochila y él confesó que había robado la máquina. Finalmente ofreció pagar por lo que había robado.

Cuando Zaqueo, el cobrador de impuestos quien subió a un árbol para ver a Jesús, tuvo el encuentro que cambió su vida, prometió devolver cuadruplicada la suma de dinero que había tomado indignamente de otras personas (Lucas 19:8).

En aquella época, los publicanos solían cobrarles de más a los ciudadanos y se guardaban el dinero sobrante. El deseo imperioso de Zaqueo de devolver el dinero y donar la mitad de sus bienes a los pobres, demostró un importante cambio de actitud. Había tomado lo perteneciente a otros, pero después de encontrarse con Jesús decidió convertirse en dador y devolver lo que había robado.

El ejemplo de Zaqueo puede estimularnos a experimentar la misma clase de cambio. Si Dios nos recuerda artículos que hemos tomado o acciones que realizamos en perjuicio de otros, podemos honrarlo haciendo lo correcto.

  1. Has lo correcto, aunque te duela corrige tus errores y admite que necesitas su ayuda.
  2. Cuando una persona se encuentra con Jesús todo cambia.

HG/MD

“Considera la senda de tus pies y todos tus caminos sean correctos” (Proverbios 4:26).