Lectura: Romanos 8:35-39

Existe una verdad muy real, el sufrimiento puede llegar a ser tan intenso que en ocasiones no sabemos cómo podremos soportar más dolor.  En estas circunstancias Dios nos asegura que está presente y nos sostiene, aunque por razones que no entendemos, el dolor continúa.

Una especialista en cáncer pediátrico, que a menudo practica procedimientos que producen mucho dolor a sus pequeños pacientes, considera muy importantes a los grupos de personas voluntarias que se han preparado para atender y acompañar a familiares y niños; estas personas son las que toman la mano del niño o niña, cuando sus padres no pueden estar presentes en los tratamientos, los consuelan y les dicen palabras amorosas y extienden sus brazos a muchos de ellos en esos momentos difíciles.

Este gran ejemplo de voluntariado, aunque pequeño, se compara con lo que Jesús hace por quienes confían en Él en medio de los sufrimientos.  Nos acerca a Dios y nos consuela en medio del dolor, al decirlos que: “ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Rom.8:39).

No obstante, en ocasiones clamamos por alivio y no llega.  En ese momento, cuando el dolor persiste, debemos comprender que tenemos la presencia tranquilizadora de nuestro Señor.  Entonces, después de la tormenta, podremos mirar atrás y entender que nunca estuvimos solos, y que el problema produjo en nosotros un carácter más firme y un crecimiento que no habíamos esperado; así podremos decir: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce perseverancia,  y la perseverancia produce carácter probado, y el carácter probado produce esperanza.” Romanos 5:3-4

  1. Sin importar lo dolorosa que sea tu situación, Jesús está a tu lado.
  2. Si entendemos y creemos esto, podremos pasar por cualquier circunstancia que se nos presente.

HG/MD

“Ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Rom.8:39).