Lectura: Lucas 10:25-37

Un hombre se enteró que su vecina, una humilde anciana, estaba pasando por una situación económica muy mala, lo que le impedía comprar sus medicinas y le dificultaba pagar el alquiler.  Entonces le empezó a ayudar, le indicó que debido a que su casa era muy grande ella podía vivir en una parte que realmente él nunca utilizaba, le preparaba la comida, le compró sus medicinas y hasta se hacía cargo de su transporte cada vez que ella necesitaba trasladarse, en resumen la llegó a tratar como a su madre.  Quizás parte de lo asombroso de esta historia es que el hombre era un ateo confeso.

De una forma similar, la parábola del buen samaritano les causó la misma sensación a los judíos.  Ellos menospreciaban en gran manera a los samaritanos, pues los consideraban como un mal recuerdo de algunos de sus antepasados que decidieron mezclase con los gentiles, y posteriormente asimilaron sus costumbres y perdieron sus raíces judías; y porque no decirlo, es un sentimiento muy similar al que tenemos cuando nos encontramos con una persona que dice abiertamente que es atea y más aún si se burla de nuestra fe.

Un experto en la ley intentó probar a nuestro Señor al preguntarle: ¿cómo podía heredar la vida eterna?, Jesús le respondió: ¿qué dice la ley al respecto?  El hombre le contestó de la siguiente forma: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:25-27).  La respuesta del Señor fue: “Has respondido bien. Haz esto y vivirás” entonces el hombre queriendo justificarse le preguntó: “¿Quién es mi prójimo?” (Lucas 10:29).  El Señor le respondió con la famosa parábola del Buen Samaritano, que concluyó que el prójimo era ese hombre despreciado por su nación, que le ayudó a quien había sido herido por unos ladrones.

Con sus parábolas el Señor buscaba desafiar a quienes lo escuchaban.  Es por ello que tanto la historia del buen samaritano como la del buen ateo, nos recuerdan el mandato de nuestro Dios: “Amarás… a tu prójimo como a ti mismo”

  1. Hay muchos a tu alrededor que necesitan de ayuda, ¿eres lo suficientemente sensible para verlo y hacer algo por ellos?
  2. Muchas personas que conoces aún no saben que Dios los ama y que murió por ellas (Juan 3:16) ¿Qué harás para que se enteren de esa verdad?

HG/MD

“Porque los mandamientos —no cometerás adulterio, no cometerás homicidio, no robarás[a], no codiciarás, y cualquier otro mandamiento— se resumen en esta sentencia: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9)