Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.
Lectura: Salmos 27:1-14
Una niña que le temía a la oscuridad aprendió a caminar por el pasillo de su casa siguiendo una pequeña luz nocturna. La lámpara no iluminaba todas las habitaciones ni le mostraba lo que ocurriría al día siguiente. Sólo le daba suficiente claridad para avanzar hasta donde estaba su familia. Muchas veces queremos que Dios elimine todo motivo de temor, cuando Él promete guiarnos paso a paso.
David comienza el Salmo 27 con una confesión: «El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?». Esto no significa que estuviera libre de amenazas. Habla de adversarios, ejércitos y falsos testigos. Su valentía no nació de ignorar el peligro, sino de saber quién estaba con él. El mismo Dios que alumbraba su camino era también su salvación y fortaleza.
El salmo muestra que la fe y el temor pueden luchar dentro del mismo corazón. David declara confianza, pero también clama: «No escondas de mí tu rostro». La esperanza no exige que nunca sintamos miedo; nos enseña ante quien llevarlo. En lugar de permitir que el temor decida, buscamos el rostro del Señor, meditamos en su carácter y esperamos en Él con ánimo.
Tal vez hoy te asusta una conversación, un diagnóstico, una decisión o la posibilidad de perder algo importante. No necesitas conocer todos los detalles del futuro para dar el siguiente paso correcto. Busca la luz que Dios ya te ha dado en su Palabra. Obedece lo que está claro y deja en sus manos lo que todavía permanece oscuro. El temor se hace menos dominante cuando la presencia de Dios se vuelve más real para nuestro corazón.
Puntos para la reflexión:
1. Escribe con precisión qué temes y cuál es el siguiente paso bíblicamente correcto que puedes dar, aunque todavía no conozcas el resultado final.
2. Lee el Salmo 27 varias veces en lo que resta de la semana. Mientras lo haces puedes subrayar cada descripción de Dios y al final de la semana conviértela en una oración personal contra el temor.
Versículo para memorizar:
«El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién me he de atemorizar?». Salmos 27:1 – RVA-2015.
Oración final
Señor Jesús, tú eres mi luz, mi salvación y la fortaleza de mi vida. Te entrego los temores que hoy quieren decidir por mí. No te pido conocer cada detalle del futuro, sino recibir claridad para dar el siguiente paso correcto. Haz tu presencia más real para mi corazón y enséñame a buscar tu rostro mientras espero con ánimo. Todo esto te lo pedimos en tu maravilloso nombre Señor Jesús. Amén.
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