Lectura: Mateo 13:24-30; 36-43

Durante muchos años un hombre se desempeñó como empleado de una Universidad, y poco a poco fue subiendo de puesto en la organización, ya que sus resultados amparaban su gestión.  Su trabajo fue tan bien visto que, el directorio de la Universidad lo situó en la terna final cuando buscaba a un nuevo presidente.  Sin embargo; lo que sucedió los llenó de asombro a todos.  No se halló ninguna documentación de sus grados universitarios.

Cuando lo llamaron a una reunión para preguntarle sobre el tema, el hombre pidió permiso para salir de la habitación y buscar sus documentos, pero no regresó nunca más.  Lo que sorprendió de sobremanera a sus compañeros, fue lo buen administrador que había resultado ser durante todos esos años.

De la misma manera en que este hombre pudo engañar a sus colaboradores, así también los impostores espirituales pueden engañar a muchas personas dentro de una iglesia.  En las iglesias es normal encontrar personas que fingen creer en los fundamentos del cristianismo, y hasta parecen ser mejores creyentes que personas que si lo son, incluso algunos no van a ser detectados hasta que llegue el juicio de Dios.

Sabiendo esta realidad, es necesario permanecer alertas para detectar los problemas que pueden causar este tipo de personas; por ejemplo, enseñanzas falsas o propagación de contiendas y murmuraciones; sin embargo, también debemos tener el cuidado de no caer en el error de hacer juicios de valor descuidados y sin fundamento, tan sólo por el hecho de que alguien no sea afín a nosotros.

  1. Recordemos que el Señor nos advirtió de estos engañadores o cizañeros, que serán revelados hasta el día del juicio final (Mateo 13:36-43).
  2. Las personas finalmente serán juzgadas no por la manera en la cual las vemos, sino por su relación con Dios.

HG/MD

 “Sean sobrios y velen. Su adversario, el diablo, como león rugiente anda alrededor buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).