Lectura: Hechos 9:1-19
Una pareja había trabajado hasta bien entrada la noche; entonces el hombre quiso ver por un momento las noticias y se quedó dormido en el sofá, mientras que su esposa se fue a dormir directamente a la habitación.
Dos horas después, un ladrón entró a hurtadillas en la casa por la puerta de atrás la cual habían dejado abierta; fue a la oficina que estaba al lado de la habitación principal en la cual había una portátil y la tomó. En ese momento, la mujer se despertó y, al ver una figura, susurró: “Querido, ven a acostarte”. El ladrón, asustado, dejó la portátil, tomó un montón de billetes que estaban en la oficina y salió corriendo.
Seguramente, el ladrón se sorprendió cuando descubrió que el supuesto dinero en realidad era una pila de folletos evangelísticos con la foto de un billete de un lado, y con el mensaje de salvación y perdón de Dios del otro lado. En lugar de dinero en efectivo, el intruso se llevó la historia de la obra de Cristo por él.
Saulo también se impresionó cuando el Señor Jesús se le apareció en el camino a Damasco, ya que él perseguía a los creyentes en Cristo, incluso, los mataba si tenía la oportunidad (Hechos 9:1-9). La gracia de Dios también sorprendió a Saulo porque, más tarde, siendo ya conocido como el apóstol Pablo, la definió como un “don o dádiva”, tal como lo dijo a los efesios: “De este llegué a ser ministro, conforme a la dádiva de la gracia de Dios que me ha sido conferida, según la acción de su poder.” (Efesios 3:7).
- ¿En algún momento te ha sorprendido la dádiva o el don de la gracia de Dios?
- Señor, te agradezco porque me brindas tu perdón y amor a pesar de ser un pecador.
HG/MD
“De este llegué a ser ministro, conforme a la dádiva de la gracia de Dios que me ha sido conferida, según la acción de su poder.” (Efesios 3:7).





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