Lectura: Lucas 15:1-7

Durante mi vida, el Señor me ha permitido viajar a algunas ciudades importantes en varios países.  Además de sus bellezas arquitectónicas e históricas, todas tienen algo en común, están llenas de personas que han decidido alejarse de Dios. Es muy triste que millones de personas no quieran o no hayan escuchado el mensaje de la gracia salvadora de Jesús. Es todo un desafío pensar que existe mucho trabajo aún pendiente por hacer en la obra del Señor.

Reflexionar sobre esto me hizo recordar una historia en la cual un muchacho, quien caminaba por una playa, se encontró con cientos de estrellas de mar que morían bajo el calor del sol ardiente y comenzó a arrojarlas al agua. Alguien que pasaba por el lugar, le preguntó: “¿Qué estás haciendo?”. “Salvándoles la vida”, respondió el muchacho. “Ni lo intentes”, dijo el hombre. “Es imposible salvar a todas estas estrellas de mar”. “Es cierto —le contestó—, pero por cada una que sí salve, habrá una gran diferencia”.

La perspectiva del muchacho es la correcta.  Cuando el maremoto del pecado golpeó las costas de la humanidad, nos inundó de muerte, y debido a ello Dios envió a Su Hijo a caminar por la playa para rescatar a todos los que se arrepienten.  Y, como dijo Jesús a los que le oían en Lucas 15, cada vez que alguien es rescatado hay fiesta en el cielo. “Les digo que, del mismo modo, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).

  1. Si eres alguien por quien en su momento hubo fiesta en el cielo, entonces contribuye para que hayan más días de fiesta en el cielo, debido a las almas perdidas que han sido rescatadas por la gracia salvadora de nuestro Señor.gr
  2. Un corazón agradecido con Dios debe querer de forma natural, que otros también experimenten esa gratitud.

HG/MD

“Les digo que, del mismo modo, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” (Lucas 15:7).