Lectura: Filipenses 4:1-9

Permítanme presentarles a dos personas increíbles: Jim y Kathryn.  A pesar de la batalla de Jim con el cáncer y el dolor de Kathryn por los efectos de la polio infantil, sus vidas están caracterizadas por las palabras de agradecimiento, maravillosas e innumerables bendiciones hacia otros, oportunidades aprovechadas de oro, y en el fondo mucha paz y alegría. “Celebramos algo todos los días,” escribió Kathryn recientemente.

Jim y Kathryn son ilustraciones perfectas de una frase que vi una vez, la cual decía más o menos lo siguiente: “Algunas personas se quejan de que las rosas tienen espinas; otros se alegraran de que las espinas tienen rosas”.

La carta del apóstol Pablo a los grupos de creyentes en Filipos, fue escrita mientras estaba encarcelado en Roma. Sin embargo, él fue capaz de animarlos con la siguiente frase: “Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!” (Fil. 4: 4), y nos invitó a meditar sobre “…todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. (Fil.4:8). Pablo no les dijo a qué negaran sus preocupaciones, sino que se las entregaran a Dios mediante la oración y la súplica: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” (Fil.4:6).

Todos tenemos que llegar a ser ávidos jardineros, para que seamos capaces de apreciar los brotes de la belleza dentro de nuestras circunstancias espinosas.  Es una cura segura para las quejas.

1. En medio de todos los ensayos espinosos de la vida, busquemos los brotes de flores y bendiciones maravillosas de Dios;  sólo así nos regocijaremos, en lugar de quejarnos.

2.  Recuerda, en lugar de quejarse de las espinas en las rosas, debes estar agradecido por las rosas entre las espinas.

NPD/JY