Lectura: Salmos 85:1-13

Hace algunos años un amigo se enamoró de un clásico, un Volkswagen Beetle; era rojo, con detalles interiores bastante buenos, pero como todo automóvil antiguo tenía sus complicaciones.  Aun así, lo compró sin pensar mucho en los costos de una restauración completa. 

Durante algún tiempo rodó sin problemas y todo era pura alegría. Pero con los años comenzaron a ocurrir incidentes y desperfectos, entonces lo que había sido un sueño se convirtió en una pesadilla, la cual significaba un mantenimiento más costoso cada vez.  Con el paso de los días comprendió que no podía continuar con el auto clásico y su restauración, por lo cual finalmente terminó vendiéndolo.

Al meditar en esta situación, pienso en Dios, quien no se ha rendido con nosotros pese a lo maltrechos y complicados que podamos ser.  En el Salmo 85 el autor describe a candidatos que deben ser restaurados; el salmo posiblemente alude a los israelitas luego de haber regresado del exilio que duró 70 años.

Ellos sabían la clase de Dios en quien habían confiado y lo misericordioso que era (v.1-3), por lo que fueron a pedir su ayuda (vv.4-7), y esperaban una restauración de su parte (vv.8-13).

¿Y quién no se ha sentido herido, maltrecho y sin una visión clara en algún momento de su vida? Creo que todos nos hemos sentido así, y es en esos momentos cuando debemos clamar humildemente al Dios del perdón y la restauración para que nos ayude a continuar un día a la vez.

  1. Dios está siempre con los brazos abiertos para dar la bienvenida a todos los que se vuelven a Él pidiendo su misericordia.
  2. Señor, ayúdame a ser humilde para pedirte que me muestres cuando necesito ser restaurado.

HG/MD

“Muéstranos, oh Señor, tu misericordia y concédenos tu salvación” (Salmos 85:7).