Lectura: 1 Corintios 9:24-27

La historia de Emil Zátopek (1922 – 2000) es un ejemplo de persistencia y dedicación. Cuando era niño había adquirido la poliomielitis, enfermedad que atacó una de sus piernas.  Su sueño por caminar era tan grande, que cuando lo logró pensó que tal vez algún día podría correr.

Rechazado por el equipo de atletismo de su escuela y luego de su colegio, decidió entrenar solo. Su determinación fue tan grande que finalmente clasificó para ser miembro del equipo olímpico de Checoslovaquia, y aun habiendo ganado una plaza para competir en los juegos olímpicos, muchos consideraban que no era conveniente que Emil compitiera; su mal formación física era muy evidente.

En los juegos olímpicos de Londres en 1948, Emil Zátopek se proclamó campeón olímpico de las pruebas más largas del atletismo mundial, de los 10.000 metros y de la maratón.

Si lo piensas detalladamente, la vida cristiana tiene una gran semejanza a las carreras de larga distancia, como las maratones, y no tanto a las carreras de corta distancia como los 100 metros planos.  Dios te ha llamado a perseverar, sabiendo que lo que te espera en el futuro a Su lado, es mejor que cualquier cosa que obtengas en el inmediato.

Con la gracia y la fortaleza que provienen de Dios, cada uno de nosotros puede “correr con perseverancia” la carrera de la vida (Hebreos 12:1), corriendo por un premio que no es temporal y corruptible como los que ofrece este mundo, sino por una “corona incorruptible” (1 Corintios 9:25).

  1. Corre la carrera de la vida con tu vista puesta en la eternidad al lado del Señor.
  2. Siempre será demasiado pronto para renunciar, y más cuando hablamos de la fe en Dios.

HG/MD

“Y todo aquel que lucha se disciplina en todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; nosotros, en cambio, para una incorruptible” (1 Corintios 9:25).