Lectura: Hebreos 10:19-25

El agente de seguros visitó al ingeniero que estaba a cargo de la construcción de una Torre de Apartamentos en medio de la ciudad; el ingeniero aceptó comprar una póliza de vida de $100.000 dólares que se duplicarían a $200.000 dólares, en caso de muerte accidental.  El agente le dijo al ingeniero que no se preocupara, que estaría cubierto a partir de la firma de la póliza y que en el momento que regresara a su oficina le enviaría los otros documentos de formalización.

Esa misma tarde, los vientos soplaban con toda su fuerza, y desgraciadamente esto hizo que el ingeniero sufriera un accidente mortal. 

En medio de todo este penoso incidente, se le brindó una luz de esperanza a la familia de este hombre; la compañía de seguros cumplió con lo pactado y únicamente retuvo lo correspondiente al primer pago de la póliza.  En lugar de buscar una manera legal para no cumplir con lo pactado, la empresa aseguradora honró su compromiso con su cliente, y por supuesto, con su familia, en medio de ese momento de dolor.

Todos los que hemos depositado nuestra confianza en Jesús como Señor y Salvador de nuestras vidas, podemos estar seguros de que Dios cumplirá Su Palabra, tal como lo indica Hebreos 10:23: “…porque fiel es el que lo ha prometido”, el autor de Hebreos motivó a sus lectores a que se acercaran confiadamente a Dios, sabiendo que nuestros pecados han sido perdonados (Hebreos 10:22), y que ahora formamos parte de Su familia (Romanos 8:17).  Es por esto que debemos estar motivados y exhortar a otros, sabiendo que Él cumplirá Sus promesas y que un día regresará por nosotros (Hebreos 10:24-25).

  1. Nuestra esperanza está basada en promesas seguras de Dios, tenemos la certeza de que, así como una vez caminó entre nosotros, volverá un día para llevarnos (1 Tesalonicenses 4:13-18).
  2. Confiar en Dios no es una apuesta, es algo seguro.

HG/MD

“Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).