Lectura: Juan 5:1-18

Revisando las redes sociales me apareció un anunció que decía: “Los calcetines más cómodos en toda la historia de los pies”, y venía acompañado por una imagen de unos calcetines de colores vibrantes.

Si se daba clic, el anuncio redirigía a una noticia que contaba que los calcetines eran uno de los artículos más pedidos en los refugios para personas sin hogar, y afirmaba que la compañía se comprometía a que, por la compra de cada par de sus calcetines, ellos donarían otro para un refugio donde habría personas con pies muy agradecidos gracias a su compra.

Al pensar en la historia de Jesús y el hombre quien fue sanado del mal que lo aquejaba, luego de 38 años sin poder caminar (Juan 5:2-8), puedo imaginar que ese hombre se sintió muy feliz y agradecido luego de aquel evento.

Pero, también puedo recordar a aquellos funcionarios del templo que se enojaron porque aquel milagro había sucedido durante un día sábado; sin importarles el bien que nuestro Señor le había brindado a aquel pobre hombre sin esperanza, ellos vieron reglas (vv. 9-10; 16-17) donde Jesús vio misericordia.

El hombre de la historia ni siquiera sabía quién había sido su benefactor y le había dado unas piernas y pies sanos, hasta después se enteró que quien lo había sanado (vv.13-15), había sido ese mismo Jesús quien después permitió que sus propios pies fueran clavados en el madero, para brindarle nuevamente a ese hombre sano y a nosotros un milagro aún más grande, el rescate de la enfermedad mortal que nos acompañaba: el pecado.

  1. ¿Eres lo suficientemente sensible para ver las necesidades de las personas a tu alrededor, y lo más importante, ayudarlas según tus posibilidades?
  2. Esta semana cuéntale a alguien lo que hizo Jesús por ti al salvarte y sobre todo, que también ellos pueden experimentar lo que tu ahora disfrutas.

HG/MD

“Pero Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja; también yo trabajo” (Juan 5:17).