Lectura: Salmos 51:1-19

La mayoría de países tienen registrados los nombres de aquellos que fueron considerados héroes y que forman parte de sus historias; a ellos se les reconoce ya sea por su valentía o por los aportes a su patria, y a menudo se escriben odas por sus actos o se les “premia” con una estatua en alguna plaza.

No obstante, Israel parece salirse de ese molde, ya que podemos encontrar a uno de sus personajes más conocidos, el rey David, en uno de sus momentos bajos; el Salmo 51 registra sus fracasos en lugar de sus logros.  Este salmo muestra como Israel recuerda a su rey más por el amor a Dios que por sus victorias terrenales.

El salmo lleva al lector por todas las fases del arrepentimiento, muestra cómo la culpa va minando la conciencia, corazón y finalmente el cuerpo, enseña la forma en la cual el pecado rompe la relación del ser humano con Dios (v.4), y lleva al único lugar donde se puede ir, a los pies del Señor (v.17), Él brinda la esperanza de un nuevo comienzo a su lado.

Esta oración desesperada de David, muestra que aun los reyes de este mundo con todo su poder y posesiones, son susceptibles a las garras del pecado que los lleva a la aterradora soledad de quien no puede hallar la solución a sus problemas.  No hay otro lugar a donde ir sino a Dios.

  1. No puedes estar tan alejado como para que el amor y el perdón de Dios no te alcancen.
  2. Hoy es un buen día para pedir perdón y para dejar atrás tus problemas, recomienza una nueva vida al lado del Señor.

HG/MD

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias tú, oh Dios.” (Salmos 51:17).