Lectura: Salmos 37:23-31
Recientemente, mientras conversaba con un pariente, me contó un episodio que vivió y le pareció divertido, me dijo: “Fui a una tienda por departamentos, y al finalizar mi compra, cuando ya iba de salida pude oír con decepción al joven que me había atendido, le susurraba a la cajera quien también era otra joven igual que él, diciendo: ¡Ese cliente me llamó ‘señor’ cuando estoy seguro de yo soy mucho más joven que él! Entonces pensé que quizás le debí haber dicho: “¡Muchas gracias joven por su atención!” La costumbre de decir o agradecer diciendo señor, me la inculcaron mis padres desde que era muy pequeño, ellos me enseñaron que es de buena educación decir: “¡Muchas gracias, señor por su atención!”.
Pensar en este relato, me hace estar consciente de cómo pueden percibir las personas nuestras palabras o la forma cómo los tratamos. Aunque también es cierto que, al mirarnos en el espejo, nuestros ojos pueden confirmar sin ningún tipo de duda, que no somos la misma persona de hace 5 años o incluso 5 meses, ni siquiera somos los mismos de hace 24 horas.
Por supuesto ser joven tiene muchas ventajas, pero con la edad viene también el gozo de reflexionar acerca de la fidelidad de Dios. David nos recuerda en Salmos 37:25 lo siguiente: “Yo he sido joven y he envejecido; pero no he visto a un justo desamparado”. Ahora que tengo muchos más años, reflexiono y me maravillo de cómo es que alguna vez pude pensar que Dios me había abandonado. Ciertamente, Él me ha permitido enfrentar lo que parecían ser dificultades insuperables, pero ahora sé que sólo fue para moldearme. Dios siempre me ha preservado y, cuando tropiezo, tengo la certeza y puedo decir lo que enseña el versículo 24: “Si cae, no quedará postrado porque el Señor sostiene su mano”.
Es un hecho que todos nos estamos haciendo más viejos cada minuto, pero también podemos volvernos más agradecidos por las muchas misericordias que Dios nos ha provisto. Por encima de todo, debemos estar agradecidos de que ponga en nuestros corazones el amor y la sabiduría que encontramos en su Palabra y guarde nuestros pasos de resbalar.
Puntos para la reflexión:
- Si bien es cierto que no nos hacemos más jóvenes con el pasar de los días, espero que sí nos hagamos más sabios con la guía del Señor y su Espíritu Santo que mora en nosotros.
- Aprende a agradecer más y a pedir menos.
Versículo para memorizar:
“La ley de su Dios está en su corazón; por eso sus pasos no vacilarán”. Salmos 37:31 – RVA 2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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