Lectura: Salmos 37:7-20

En 1912 cuando se hundió el Titanic, muchas personas rumoraban que ese famoso barco se había hundido con una fortuna en joyas y metales preciosos, y por mucho tiempo persistió la leyenda, hasta que se desvaneció gracias al descubrimiento del manifiesto de carga del Crucero años después, donde se describía con gran detalle el cargamento que llevaba consigo, por ejemplo: plumas no elaboradas, lino, heno, piel para hacer sombreros, tejido de seda, piezas para autos, pieles, pelo de conejo, elásticos, redecillas para el cabello y equipos de refrigeración, entre otras cosas.

Existen también otros rumores muy extendidos con respecto a las riquezas, como por ejemplo, la creencia de que se debe tener en gran estima a las personas que han acumulado mucha riqueza en este mundo, sin importar cómo la consiguieron.  Adicionalmente, muchos dicen que una persona honesta y trabajadora, no vale tanto si no ha acumulado dinero gracias a su esfuerzo.

En el Salmo 37, el rey David nos llama la atención con respecto a que las personas que son consideradas por la sociedad como pobres o necesitadas, no deben envidiar a quienes son ricos o a los que han prosperado bajo circunstancias algo dudosas.  Con el tiempo el manifiesto de carga de quienes no han confiado en Dios como Señor y Salvador, será revelado y tendrá como resultado que sus vidas no contenían ningún valor para la eternidad. Lo que muchos no han entendido es que esta vida tan sólo es el inicio de una existencia eterna, pero si comprendemos este principio no envidiaremos los placeres temporales e insanos que nos brinda este mundo, y que finalmente acarrean dolor e insatisfacción.

Por el contrario, debemos anhelar los tesoros eternos que Dios nos ha revelado por medio de su Palabra, sabiendo que tendrán una recompensa eterna en el otro mundo (Salmos 37: 7,8).  Aunado a esto recordemos las palabras de nuestro Señor: “No acumulen para ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y donde los ladrones se meten y roban.  Más bien, acumulen para ustedes tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.” (Mateo 6:19-21)

  1. No es pecado trabajar honestamente y como resultado de ello vivir una vida económicamente tranquila; eso sí, Pablo te recomienda estas palabras: “Que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, que sean generosos y dispuestos a compartir” (1 Tim.6:18)

fe

  1. Es mejor ser pobre y vivir por fe, que ser rico y andar por la vista.

HG/MD

“Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su vida?” (Marcos 8:36)