Lectura: Juan 6:1-14
Alfredo cometió el error de pensar que podía terminarse una pizza extra gigante sin ayuda de nadie. Por supuesto, cuando fue a la pizzería lo intentó pero no pudo, entonces hizo que le envolvieran los trozos de pizza sobrantes y se los pusieran en una caja para llevárselos a casa. Pensó que al menos se daría otro festín de pizza temprano al siguiente día.
Pero sucedió algo inesperado, ya que cuando salió del restaurante, un hombre sin hogar se le acercó pidiéndole dinero. Al principio se negó, pero, invadido por una súbita culpa, lo llamó, le dio unas monedas que tenía y lo bendijo en el nombre de Jesús. Luego de haber cumplido con su deber cristiano, estuvo feliz de continuar su camino con la caja de pizza en la mano, hasta que el hombre la vio y le preguntó: ¿Y qué hay en la caja? Cuando nos contó su historia, Alfredo tuvo que admitir que le costó mucho separarse de su deliciosa pizza.
Una de mis historias favoritas en el Nuevo Testamento está en Juan 6 del 1 al 14, es acerca de un muchacho quien llevó su propio almuerzo ante el predicador del que todos hablaban. Si este joven era como la mayoría de su edad, el almuerzo era algo muy importante para él; no obstante, estuvo dispuesto a darle al Señor su almuerzo que consistía tan sólo en cinco panes de cebada y dos pececitos. Puedo imaginar que el muchacho sospechaba lo que era capaz de hacer nuestro Señor Jesús, sabía que al ponerlo en sus manos podía hacer algo extraordinario con su almuerzo. Y en realidad lo hizo, ese día alimentó a miles de personas hambrientas.
Jesús sigue buscando a alguien común y corriente, como tú y como yo, que esté dispuesto a realizar actos de sacrificio desinteresados, deliberados y fuera de lo ordinario para que Él pueda convertirlos en ofrendas que lo glorifiquen. ¡Tú puedes iniciar realizando uno de esos actos hoy mismo!
Puntos para la reflexión:
- ¿Estás dispuesto a sacrificar por otros o dar algo que realmente valoras?
- La bondad es un valor que rara vez es expresado o compartido en un mundo tan materialista como el nuestro. Somos llamados a realizar acciones que normalmente no haríamos por los demás, por ejemplo, donar nuestro tiempo, dinero e interés en beneficio de alguien en problemas o con situaciones incómodas de vida. ¿Estás dispuesto a ser diferente y compartir más que tu testimonio, por Cristo?
Versículo para memorizar:
“Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Efesios 2:8-10 – RVA 2015.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





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