Lectura: Juan 5:1-15

El príncipe de una nación petrolera fue acusado de malgastar 16.000 mil millones de dólares. De acuerdo con las investigaciones, el hombre despilfarró grandes sumas de dinero en vicios, apuestas y malas inversiones durante 10 años.  El tribunal que lo juzgó, determinó que tan sólo en autos y barcos de lujo había desperdiciado al menos 3.000 millones.

Al pensar en este hombre, debemos preguntarnos si también somos culpables de desperdiciar otro tipo de riquezas incalculables; las riquezas de la gracia de Dios.  Hemos sido tan bendecidos que disfrutamos de las misericordias y el perdón inmerecidos de Dios, y aun así muchas veces continuamos equivocándonos y cometiendo pecados; demostrando con esto que desperdiciamos la hermosa y valiosa gracia de Dios.

En nuestra lectura devocional, leímos que después de que Jesús sanó a un hombre que tenía al menos 38 años de invalidez, le dijo: “…He aquí, has sido sanado; no peques más para que no te ocurra algo peor” (Juan 5:14).  Al leer esto podemos ver que Jesús le estaba advirtiendo que no malgastara la bendición que había recibido de parte de Dios para su vida.  El apóstol Pablo también les advirtió a sus lectores en la ciudad de Corinto: “…no reciban en vano la gracia de Dios” (2 Corintios 6:1).  La gracia de Dios en la vida de una persona debe producir como resultado una vida transformada por el amor y poder de Dios (Tito 2:11-12).

1. No seas malagradecido, sé obediente, deja que las riquezas de la gracia de Dios transformen tu vida (Efesios 1:7).

2.    Si quieres evitar la desgracia permite que la gracia crezca en tu vida.

HG/MD

“En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7).