Lectura: Mateo 17:1-12
Con los años el alpinismo o escalar montañas se ha convertido en una actividad que ha ganado muchos seguidores, quienes con sus trajes y herramientas han aceptado el desafío de subir las cimas más altas de sus países, y en algunos casos del mundo.
A pesar de que este deporte implica bastantes riesgos, también es un gran ejercicio cardiovascular, ayuda a mantener el cuerpo en forma y una buena musculatura, además permite presenciar las fabulosas vistas asociadas a ese tipo de paisajes, y ni que hablar de la posibilidad de respirar aire puro.
En ocasiones Dios también mandó a sus seguidores a escalar montañas. Por ejemplo, le dio a Moisés instrucciones de escalar el monte Sinaí, y no sólo una vez sino varias, con el fin de recibir su Ley (Éxodo 19:20). También le ordenó a Abraham, escalar una roca para ofrecer a Isaac como sacrificio (Génesis 22:1-14). Y no olvidemos que nuestro Señor Jesús se apartaba para orar en las montañas (Lucas 6:12; Marcos 6:46), y en una ocasión invitó a Pedro, Santiago y Juan, para que fueran testigos de su transfiguración (Mateo 17:1-12).
Quizás no vivas cerca de una montaña para escalarla y estar a solas con tu Creador, pero si puedes buscar un lugar tranquilo y alejado de la contaminación de lo que comúnmente te rodea; lo cual además de ser un buen ejercicio para ti y permitirte respirar aire limpio, te obliga a dejar atrás por un momento muchas distracciones de este mundo: las redes sociales, tu serie favorita, tu comodidad, entre otras muchas cosas, con el fin de tener un tiempo a solas con Dios; todos en algún momento lo necesitamos.
- Dondequiera que vayas a buscar una perspectiva mejor para poder ver dónde estás, es de mucho beneficio, así puedes evaluar lo que estás haciendo, y escuchar al Espíritu Santo.
- ¿Te sientes estresado? ¿Melancólico? ¿Con muchos tropiezos? ¿Desorientado? Tal vez sea hora de “ir a escalar una montaña”.
HG/MD
“Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar” (Marcos 6:46).