Lectura: Génesis 22:1-14

Estaba lleno de ansiedad, estaba a punto de casarme, y también en esos días había cambiado de trabajo por uno que me ofrecía mejores condiciones.  Pero, lo que me encontré en ese nuevo trabajo fue algo que no me esperaba, mi empleador me solicitó que modificara algunos registros para hacer algo ilegal.

Por supuesto me asusté y lo conversé con quien se convertiría en mi esposa, y al día siguiente puse mi renuncia; sin embargo, en ese momento estábamos construyendo, tenía muchos planes y de repente sentí que todo por cuanto había luchado tendría que sufrir un retraso considerable.

No obstante, a los pocos días un caballero que asistía a la iglesia se enteró de mi situación y la razón por la cual estaba en ella, entonces me ofreció trabajo ganando más de lo que me iban a pagar en el trabajo que había dejado.  Por supuesto acepté y sentí paz al saber que Dios se estaba ocupando de mí.

Dios había provisto para mi necesidad, pero en su tiempo y no en el mío.  Abraham pasó por una situación aún más difícil con su hijo Isaac; se le pidió que lo llevara a un lugar determinado y lo sacrificara (Génesis 22:1-2).  Él sin vacilar obedeció y lo llevó.  Por supuesto, que durante esos 3 días de viaje tuvo mucho tiempo para pensar en toda aquella situación, pero Abraham se mantuvo obediente (vv.3-4).

Trascurrido el tiempo llegó la pregunta que no quería escuchar, su hijo le preguntó: “¿dónde está el cordero para el holocausto?” (v.7) A lo que Abraham respondió: “Dios mismo proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío” (v.8).

Ni siquiera puedo imaginarme los niveles de ansiedad y desesperación que debió haber experimentado Abraham cuando ató a su hijo al altar y finalmente, cuando levantó su cuchillo (vv.9-10).  En ese preciso momento Dios proveyó y mandó a sus ángeles a detener a Abraham (vv. 11-12).  El sacrificio sustitutivo fue un carnero trabado en un matorral (v.13).  Abraham había mostrado su fe y fidelidad, él era consciente de la clase de Dios en quien había confiado. 

  1. Señor Jesús, ayúdame a confiar en tu providencia, encamina mis pasos de acuerdo con tu voluntad.  Amén.
  2. Gracias Señor por tu guía oportuna en los momentos de desesperanza y en los momentos en los que todo parece ir bien, nunca permitas que te olvide.

HG/MD

“Abraham llamó el nombre de aquel lugar el Señor proveerá. Por eso se dice hasta hoy: En el monte del Señor será provisto” (Génesis 22:14).