Lectura: Jonás 4:1-11

Uno de los peores defectos del ser humano es el egoísmo, y este puede presentarse de muchas maneras. Desgraciadamente es algo que de vez en cuando se presenta en nuestras vidas.

Una vez estaba en un congestionamiento de tránsito que me demoró al menos dos horas en el horario normal de trabajo.  Luego de quejarme por bastantes minutos, decidí provechar todo ese tiempo extra haciendo algunas notas, nunca se me ocurrió pensar que quizás todo aquel retraso, podía ser consecuencia de un accidente de tránsito.  Cuando finalmente volvimos a movernos, fuimos testigos de un terrible accidente donde varios autos estaban destrozados, y un par de personas habían perdido sus vidas.

En ese momento sentí un gran dolor, y dije: “Perdóname Señor; ayuda por favor a esas personas y a sus familias en estos momentos tan terribles”.

La Palabra de Dios nos ofrece muchos ejemplos de personas que mostraron actitudes egoístas; el profeta Jonás se enfureció cuando un gusano destrozó la calabacera que lo protegía del sol (Jonás 4:9).  No obstante, no le importó que todo un pueblo estuviera pronto a ser destruido, tan sólo porque él no podía perdonar.

En Marcos 10:37, podemos leer como Juan y su hermano Jacobo, pidieron egoístamente posiciones de privilegio en el futuro reino de Jesús, y en la primera carta a los Corintios vemos muchos ejemplos de egoísmo (1:10; 3:3; 5:1; 6:6-8 y 11:21).

  1. El Señor siempre nos llama a hacer el bien a los demás, antes que a darle rienda suelta a nuestros propios deseos egoístas (1 Corintios 10:24).  Ayúdanos Señor a ponerlo en práctica.
  2. El corazón de nuestro problema es el egoísmo que hay en nuestro corazón.

HG/MD

“Nadie busque su propio bien, sino el bien del otro” (1 Corintios 10:24).