Lectura: 1 Corintios 10:1-12

Cuando era un poco más joven, fui con unos amigos a un salón de patines para disfrutar de una tarde juvenil, por supuesto algunos sabían patinar bastante bien, pero yo era de los que apenas si podía mantener el equilibrio.  Luego de algunas canciones y vueltas por la pista, empezamos a ganar confianza en nosotros mismos y comenzamos a ir más rápido, y por supuesto, esta era una forma de llamar la atención de las chicas que se encontraban en el lugar.  Pero, de repente todo cambió, un niño que apenas empezaba a patinar se interpuso en el camino y de repente todos caímos, parecía como si una bola de boliche nos hubiera golpeado.

Aunque han pasado muchos años, puedo recordar el resultado de aquella caída; por muchos días tuve dolores en lugares que ni siquiera sabía que existían, este recuerdo me acompañará toda mi vida y hace que sea consciente de que debo tener cuidado en cualquier actividad de riesgo que realice.

Por supuesto no es agradable caerse, no obstante, algo bueno puede resultar de algo tan doloroso.  El apóstol Pablo nos advierte sobre las posibles caídas: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).  Como creyente estás propenso a caer, no estás exento de ello, pero cuando sucede, tu meta siempre debe ser aprender de los errores para evitar volver a cometerlos.

Si en este momento estás en medio de una dolorosa caída en tu andar de fe, levanta tu cabeza, ¡hay esperanza!  Primeramente, pide a Dios que te ayude a levantarte, ya que “El Señor sostiene a todos los que caen y levanta a todos los que han sido doblegados” (Salmos 145:14).  Luego de esto debes retomar tu camino de fe, habla con Dios, estudia Su Palabra, medita en Sus principios: “…transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

  1. ¡Cuidado!, nunca olvides que eres 100% dependiente de Dios.
  2. Con Jesús a tu lado las caídas serán una experiencia más en tu andar de fe.

HG/MD

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).