Lectura: Lamentaciones 3:19-26
Una mujer guardaba en una pequeña caja varias notas escritas durante los años difíciles que había vivido su familia. Había recibos pagados inesperadamente, mensajes de personas que oraron por ellos y fechas de respuestas que llegaron después de largas esperas. Cada vez que una nueva preocupación amenazaba con dominarla, abría la caja. Los problemas no desaparecían de inmediato, pero recordar la fidelidad pasada de Dios le ayudaba a mirar el presente de otra manera.
Jeremías escribió Lamentaciones después de contemplar la ruina de Jerusalén. No hablaba desde una vida cómoda, sino desde el dolor de una ciudad destruida y de un pueblo bajo disciplina. Por eso sorprende que, en medio de su lamento, dijera: “Siempre tengo presente este terrible tiempo mientras me lamento por mi pérdida. No obstante, aún me atrevo a tener esperanza” (Lamentaciones 3:20-21 – NTV). El profeta no negó el sufrimiento; decidió recordar una verdad mayor que sus circunstancias: la misericordia del Señor no se había agotado y su fidelidad seguía siendo grande.
La esperanza bíblica no consiste en repetir que todo saldrá como deseamos. Es la confianza firme de que Dios continuará siendo quien es, aun cuando todavía no entendamos lo que está haciendo. Sus misericordias son nuevas cada mañana porque nuestra relación con Él no depende de que el día sea fácil, sino de su carácter inmutable. Cuando el dolor reduce nuestro campo de visión, la memoria espiritual vuelve a abrirlo.
Quizás hoy no puedas cambiar lo que estás viviendo, pero sí puedes decidir qué verdad ocupará el centro de tus pensamientos. Recuerda cómo Dios te sostuvo, cómo te condujo a Cristo y cómo su Palabra ha permanecido fiel. Muchas veces la esperanza comienza cuando el corazón vuelve a recordar correctamente.
Puntos para la reflexión:
- Escribe tres evidencias concretas de la fidelidad de Dios en tu vida. Guárdalas y léelas cuando el desánimo quiera borrar de tu memoria lo que el Señor ya ha hecho.
- Antes de contarle hoy a Dios todo lo que te preocupa, dedica unos minutos a agradecerle por su misericordia presente. Haz de la gratitud una disciplina de esperanza.
Versículo para memorizar:
“Esto haré volver a mi corazón, por lo cual tendré esperanza: Por la bondad del Señor es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias”. Lamentaciones 3:21-22 – RVA-2015.
HG/MD. Ahora también puedes acceder a nuestras versiones Podcasts especiales en Spotify, YouTube y Apple Podcast.
Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.





0 comentarios