Lectura: Colosenses 3:22-4:1

Todos y cada uno de nosotros tenemos al menos un talento, que el Señor en su misericordia nos ha otorgado y quiere que saquemos el mejor provecho de él.  El hacer un buen uso de los talentos, aplica tanto para el estudiante que realiza sus tareas con dedicación, como para el ingeniero quien diseña un puente por el cual se espera, que durante su vida útil viajen miles de personas.  Y, ¿por qué cito el asunto de la vida útil?  Debido que también todos sabemos que al final de una determinada cantidad de años, aun las mejores obras humanas a la larga se convertirán en polvo; aun las grandes maravillas de la humanidad se están convirtiendo en polvo, por ejemplo, la gran muralla china en su mayor apogeo llegó a medir hasta 7000 kilómetros de largo, hoy tan sólo se mantiene en pie un 30% (2.100 kilómetros) y la mayoría presenta un gran deterioro.

Nuestros más grandes logros son tan sólo castillos de arena en las playas, los cuales se derrumban ante el azote de las olas y la brisa de mar.  J.M. Thornburn, se refirió a esto de una forma muy simpática: “Todo el deleite genuino y profundo de la vida se halla en mostrar a la gente las tortas (pasteles) de barro que has hecho; y la vida está en su mejor momento cuando recomendamos confiadamente nuestras tortas de barro para la mutua consideración solidaria”.

Aunque puede ser que esta frase suene un tanto irónica, es en verdad una perspectiva realista de nuestras vidas si no creemos en un mundo venidero.  Pero nuestra perspectiva de la vida cambia dramáticamente si incluimos a Dios y tenemos en cuenta la eternidad que va más allá del tiempo.   Esto hace que estemos motivados por el amor a Dios, la obediencia a su Palabra y un deseo ardiente de glorificar al Padre celestial (Col.3:22-23).  Si nuestras labores están alineadas a la voluntad de Dios, estas tendrán un valor imperecedero y recibiremos la aprobación de Dios, tal como lo dice el apóstol Pablo: “Si permanece la obra que alguien ha edificado sobre el fundamento, él recibirá recompensa. (1 Cor. 3:14;) y  “¿No saben que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero solo uno lleva el premio? Corran de tal manera que lo obtengan.  Y todo aquel que lucha se disciplina en todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; nosotros, en cambio, para una incorruptible” (1 Cor. 9:24-25).

El trabajo que se realiza para glorificar a nuestro Señor, trae gozo a Dios y nos trae bendición.

  1. Lo que verdaderamente importa al realizar tu trabajo, es hacerlo bien hecho como si fuera para Dios.

 

  1. La mejor motivación para obedecer a Dios, es el deseo de agradarle sinceramente.

HG/MD

“Sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. ¡A Cristo el Señor sirven!” Colosenses 3:24