Lectura: Números 11:4-17
Es increíble lo que se puede llevar o arrastrar con una bicicleta; tan sólo para que nos imaginemos, la persona promedio en una bicicleta de tamaño estándar fácilmente podría transportar unos 135 kilogramos (casi 300 libras), a una velocidad de unos 16 k/h (10 m/h). Si subimos un poco el peso y trasportamos unos 270 kilos (595 libras), por supuesto la velocidad se hace más lenta, y solamente podríamos circular a unos 13 k/h (8 m/h).
Moisés también llevaba otra clase de peso en el desierto; una carga emocional que no lo dejaba moverse a la velocidad que quería. El intenso deseo de los israelitas de comer carne en vez de maná hacía que se quejaran mucho. En medio de ese lamento permanente, Moisés, exasperado, le dijo a Dios: “Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es demasiado pesado para mí” (Números 11:14).
Por supuesto, Moisés carecía de los recursos necesarios para solucionar el problema. Así que el Señor le respondió indicándole que escogiera a 70 hombres para que lo acompañaran y lo ayudaran con la carga: “…ellos llevarán contigo la carga del pueblo, y ya no la llevarás tú solo” (Números 11:17).
Como seguidores de Jesús, no tenemos que llevar las cargas en solitario. Lo tenemos a Él, quien puede y siempre está dispuesto a ayudarnos.
- Podemos confiar en que Jesús está con nosotros en cada parte del camino en que nos movamos.
- Adicionalmente, nos ha dado una familia espiritual con quien compartir el peso.
HG/MD
“Vengan a mí, todos los que están fatigados y cargados, y yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).
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