Caminar por una Biblia

por | Sep 21, 2026 | Devocionales | 0 Comentarios

Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.

Lectura: Salmos 119:65-72

A comienzos del siglo XIX, una joven galesa llamada Mary Jones deseaba tener una Biblia en su propio idioma. La historia preservada por las Sociedades Bíblicas cuenta que ahorró durante seis años y finalmente caminó alrededor de veintiséis millas, casi 42 kilómetros, hasta Bala una ciudad y comunidad situada en el condado de Gwynedd, en el norte de Gales, esto para conseguir una Biblia en galés. Su perseverancia se volvió parte de una conversación más amplia acerca de cómo hacer las Escrituras más accesibles y quedó vinculada a los orígenes del movimiento de Sociedades Bíblicas.

Es fácil romantizar la historia y olvidar la pregunta incómoda que nos hace. Mary vivía en un tiempo y lugar donde una Biblia personal podía ser difícil de obtener y costosa. Nosotros podemos tener varias en casa y docenas de versiones en el teléfono. Ella caminó kilómetros para conseguir una. Nosotros podemos no caminar ni desde el sofá hasta la mesa donde dejamos la nuestra.

El salmista declara que la ley de la boca de Dios es mejor que miles de piezas de oro y plata. No está diciendo que el papel y la tinta tengan un valor mágico. Está confesando que conocer la voluntad, el carácter y la verdad de Dios vale más que la riqueza. Esa convicción cambia prioridades. Dedicamos tiempo a aquello que consideramos valioso.

Tal vez el problema no sea que no amemos la Biblia, sino que muchas otras cosas compiten eficazmente por nuestra atención. Una notificación promete entretenimiento inmediato; la Escritura requiere detenernos, pensar y responder. La historia de Mary Jones no debería producir culpa sentimental, sino hambre. ¿Qué pasaría si volviéramos a abrir la Biblia con la sensación de que estamos accediendo a un tesoro y no cumpliendo una tarea?

No todos sentimos hambre por la Biblia de la misma manera cada día. Hay temporadas de entusiasmo y otras de cansancio. Por eso el ejemplo de Mary Jones no debe convertirse en una comparación cruel. Puede funcionar mejor como una invitación a recuperar el valor. A veces el apetito espiritual crece mientras comemos: comenzamos a leer aunque no tengamos una emoción intensa y, poco a poco, volvemos a descubrir belleza, consuelo y verdad. La constancia no sustituye al amor; muchas veces crea el espacio donde el amor puede volver a encenderse.

Conclusión. Valoramos de verdad aquello por lo que estamos dispuestos a dar tiempo, atención y esfuerzo. La Palabra merece más que un lugar visible; merece un lugar prioritario.

Puntos para la reflexión

  1.  Calcula cuánto tiempo pasaste ayer en contenido digital recreativo y compáralo con el tiempo que dedicaste a la Escritura, sin excusas ni condenación.
  2.  Reserva desde hoy un horario realista y constante para leer la Biblia durante los próximos siete días.

Versículo para memorizar: “Mejor me es la ley que procede de tu boca que miles de piezas de oro y plata” (Salmos 119:72 – RVA-2015).

Oremos. Señor, despierta en mí un amor genuino por tu Palabra. Que no la dé por sentada y que aprenda a considerarla más preciosa que aquello que el mundo me ofrece. Amén.

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