Lectura: 1 Crónicas 21:1-13
En 2 Corintios 7:1 el apóstol Pablo dijo que debemos limpiarnos “de toda inmundicia de la carne y del espíritu”. A pesar de que a las personas a nuestro alrededor les parezca que estamos viviendo una vida limpia y moral puede ser que en nuestro espíritu estemos albergando una actitud que le desagrada al Señor. Debido a que los pecados del espíritu no se ven y están escondidos en el corazón, tendemos a ignorarlos hasta que nos llevan a algún comportamiento externo que revela su presencia.
La vida del rey David ilustra estos dos aspectos del pecado. En 2 Samuel capítulos 11 y 12 y en Salmos 32:50 se nos relata acerca de cómo su deseo por Betsabé lo llevó al adulterio y al asesinato, y cómo estos pecados trajeron gran dolor a su vida y oprobio a la nación de Israel. Luego, en 1 Crónicas 21:1-6 se nos cuenta cómo al final de su vida David sucumbió ante la provocación de Satanás para que hiciera un censo. En los versículos 7 y 8 vemos que este acto aparentemente inocente desagradó a Dios porque David estaba enorgulleciéndose de su poderío militar. Al confiar en su propio poder y fuerza él se desvió sutilmente de una total dependencia de Dios quien ya lo había librado de forma milagrosa.
Desde el exterior a las personas les puede parecer que estamos ganando la batalla contra el pecado, no obstante, es imperioso mantenernos alerta para no caer en los pecados del espíritu, especialmente el del orgullo, ya que este tipo de pecado puede hacernos tropezar y caer incluso al acercarse el final de nuestro andar, por ello es por lo que con una actitud humilde debemos estar dispuestos a reconocer nuestras debilidades y errores acudiendo a Dios en busca de su perdón para reconciliarnos con Él.
Puntos para la reflexión:
- Sin lugar a duda el pecado es tu enemigo, detéctalo, diagnostícalo y aplica la cura del perdón que nos ofrece nuestro Señor Jesús.
- En su mayoría la medicina para curarnos no es agradable al gusto o al tacto, pero sin ella empeoraríamos inevitablemente. Toma la medicina, aunque no te guste, puede significar que debas renunciar a cosas o sentimientos que te hacen sentir bien, pero que no son correctos.
Versículo para memorizar
“Con misericordia y verdad se expía la falta y con el temor del Señor uno se aparta del mal” – Proverbios 16:6 – RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: La Senda del Perdón.





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