Lectura: Salmos 104:24-30

Un misionero fue a una zona rural donde había una pequeña iglesia que desde hacía tiempo deseaba visitar.  Lo habían invitado a compartir la Palabra de Dios con las personas que se reunían allí, quienes poco a poco fueron llegando mientras que el misionero las recibía en la puerta principal.

A lo lejos pudo ver que se acercaba una dama de porte interesante, traía ropa de trabajo y lo saludó de una manera brusca; el hombre la saludó amablemente y le preguntó a que se dedicaba, la mujer dijo “Crío cerdos”, y “¿Cuántos cerdos tiene? dijo el misionero”, ella inmediatamente le contestó: “Tengo 307 hasta este momento”  El hombre se sorprendió al enterarse de la cantidad de animales que aquella mujer tenía en la granja y su cara lo demostraba.  Al ver la cara de sorpresa la mujer le dijo: “Si tengo 307 y a todos les he puesto un nombre”.

El misionero la felicitó y le dijo que admiraba su arduo trabajo y su particular hábito de ponerles un nombre a cada uno de esos 307 cerdos.

Al pensar en esta situación, tan sólo podemos considerar cuánto más poderoso que es nuestro Creador, quien le puso nombre a las incontables estrellas del cielo (Isaías 40:26).  Ese Todopoderoso Señor, también es nuestro Pastor y está muy por encima de cualquier afecto humano.  Ese cuidadoso Pastor va más allá que aquella mujer, Él conoce el nombre de todas sus ovejas (Juan 10:3).

Muchos creen que debido a que Dios tiene cuidado de todo este basto Universo que ha creado, no se preocupa por los ínfimos problemas tuyos y míos.  Pero Jesús dijo que Dios tiene cuidado de los animales; cuánto más se preocupará de nosotros que somos aún más valiosos (Mateo 6:26).  

  1. Sí; Dios conoce tu nombre, pensamientos, quejas, habilidades, posibilidades, y tiene cuidado de ti ¿qué estás esperando para conocer mejor a tu Creador?
  2. Nuestro Dios es todopoderoso y por ello puede ocuparse de las más pequeñas de nuestras necesidades, según su voluntad.

HG/MD

“Miren las aves del cielo, que no siembran ni siegan ni recogen en graneros; y su Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?” (Mateo 6:26).