Lectura: Filipenses 3:4-21
Un cantante de música moderna murió muy joven, a una edad de tan sólo 27 años. Este hombre se enorgullecía del lenguaje profano y de las imágenes violentas de sus producciones. Algunas de sus letras mostraban tanto resentimiento contra todo lo establecido, incluido Dios, que daba la sensación de que él siempre estaba sacudiendo su puño contra Dios.
Realmente, es una historia triste y trágica ya que la filosofía de vida atea del cantante lo privó de la esperanza y lo llevó hacia un estilo de vida que le causó la muerte a una temprana edad. No obstante, mucho peor que una muerte temprana es el hecho de que el juicio de Dios espera a todos quienes lo rechazan como nos enseña Filipenses 3:19.
El apóstol Pablo, aunque era un hombre muy religioso desde su temprana edad, también estaba en un camino de autodestrucción hasta que el Señor en su gracia y misericordia lo puso de rodillas según el relato en Hechos 9.
Después de que él puso su confianza en Jesús y aceptó el regalo de la salvación, en ese momento el apóstol Pablo tuvo una visión muy diferente del propósito de la vida. A partir de ese momento pudo entender que Jesús era su única esperanza, y su más alta meta era llegar a ser como Cristo tal y como lo encontramos en Filipenses 3:7-14.
Podía enfrentar la muerte sin temor porque él esperaba con interés y anhelo la conclusión de sus días en este mundo, pues estaba convencido de su destino final al escribir Filipenses 3:20-21 que dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos ardientemente al Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo de humillación para que tenga la misma forma de su cuerpo de gloria, según la operación de su poder, para sujetar también a sí mismo todas las cosas”.
Puntos para la reflexión:
- ¡Qué contraste! El camino del hombre natural sin Dios produce comportamientos nocivos que terminan mal y en destrucción. El camino de Dios promete la paz interior, la victoria sobre los pecados que esclavizan y como recompensa final la eternidad en el cielo con Dios.
- ¡La opción correcta es obvia! ¿Pero tú, ya has hecho la decisión?
Versículo para memorizar:
“Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos ardientemente al Salvador, el Señor Jesucristo”. Filipenses 3:20 – RVA15.
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Este devocional forma parte de la serie: Paso a Paso con Dios.





Exelente reflexión una bendición