Lectura: Tito 3:1-8
En un día normal es muy común que recibamos muchos mensajes cortos y correos electrónicos que nos sirven, entre otras cosas, para recordar citas, tareas pendientes y en algunas ocasiones peticiones de oración; todos estos recordatorios son importantes.
También, el apóstol Pablo tenía muchos mensajes que enviar usando en ese entonces su “correo de papiro”, y le hace un pedido especial a su amigo y discípulo Tito: “Recuérdales que…” (Tito 3:1).
La palabra griega “Hypomimnēske” (recuérdales), implica la acción de amonestar, de tener muy presente lo que ya se ha escrito o dicho en algún momento; era tan importante que les escribió a los miembros de esta iglesia para que no se olvidaran de lo instruido.
Lo que les pide que recuerden es algo muy complicado de hacer, y más sabiendo que esas personas a quienes les escribe vivían oprimidas por el poder romano: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y a las autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos para toda buena obra” (Tito 3:1).
El testimonio para un creyente es algo imprescindible de cuidar, por lo que el apóstol Pablo indica que deben ser obedientes, y que deben destacarse por hacer lo bueno, deben ser conocidos por ser personas pacíficas y consideradas, humildes en vez de quejosos. Su conducta debía exhibir el cambio que había producido en sus vidas seguir a Cristo (Tito 3:3-5).
Pero ¿Cómo podían ellos y por supuesto cómo podemos nosotros hacerlo, llegar a tal grado de compromiso y sujeción? Es tan sólo por medio del Espíritu Santo quien nos capacita para que nos ocupemos de hacer lo correcto (Tito 3:5-6, 8).
- Gracias Espíritu Santo porque nos equipas con las herramientas necesarias para ser una buena influencia en este mundo.
- Todos necesitamos que nos recuerden frecuentemente que somos embajadores de Jesús en esta tierra y que otros están viendo continuamente nuestro andar de fe.
HG/MD
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios los exhorta por medio nuestro, les rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios!” (2 Corintios 5:20).
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