Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.
Lectura: Colosenses 3:22-24
Un trabajador pasó varias semanas reparando una tubería que quedaría oculta detrás de una pared. Cuando terminó, nadie podría admirar el esfuerzo ni reconocer la precisión del trabajo. Sin embargo, si lo hacía mal, el daño aparecería después. Muchas de las tareas más importantes de la vida permanecen invisibles para la mayoría: cuidar, estudiar, limpiar, preparar, escuchar o servir sin aplausos.
Pablo habló a creyentes que realizaban labores humildes y, en muchos casos, bajo condiciones injustas. Les recordó que su servicio no debía depender únicamente de la vigilancia humana. Debían trabajar de corazón, como para el Señor, sabiendo que de Él recibirían la recompensa. Esto no legitima el abuso ni impide buscar condiciones justas; coloca aun el trabajo ordinario bajo el señorío de Cristo.
La esperanza cambia la pregunta. En lugar de vivir pensando «¿Quién notará lo que hago?», debemos preguntarnos «¿Cómo puedo honrar al Señor aquí?». Cristo ve la fidelidad que pasa inadvertida. Él conoce el esfuerzo de quien cuida a un familiar, prepara una clase, cumple con integridad o sirve en una tarea sencilla de la iglesia. Ningún acto hecho con fe y amor queda fuera de su mirada.
Quizás tu trabajo actual no es el que soñabas o sientes que tu servicio produce pocos resultados. Haz lo que esté en tus manos con excelencia y mantén abiertas las posibilidades de crecer. Tu identidad no depende del cargo, el salario ni los aplausos. Sirves al Señor Cristo. Esa verdad da dignidad al trabajo y esperanza al corazón cuando los resultados visibles son pequeños.
Puntos para la reflexión:
1. Escoge una tarea rutinaria que sueles hacer con desgano y realízala hoy con excelencia, orando: «Señor, esto también lo hago para ti».
2. Agradece de manera específica a una persona cuyo trabajo suele pasar inadvertido. Hazle saber qué beneficio concreto produce su fidelidad.
Versículo para memorizar:
«Y todo lo que hagan, háganlo de buen ánimo como para el Señor y no para los hombres». Colosenses 3:23 – RVA-2015.
Oración final
Señor Jesús, tú ves las tareas que nadie aplaude y conoces el esfuerzo que permanece oculto. Ayúdame a trabajar de corazón, con integridad y excelencia, recordando que te sirvo a ti. Líbrame de depender del reconocimiento humano y dame ojos para valorar a quienes sirven silenciosamente. Que aun mi trabajo ordinario refleje tu señorío Jesús. Amén.
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