La locura de la rapidez

por | Oct 11, 2019 | Devocionales | 0 Comentarios

Lectura: 2 Pedro 3:1-9

Si hiciéramos una encuesta, cuál sería tu respuesta a la siguiente pregunta: ¿Preferirías obtener el resultado de lo que quieres, rápidamente sin ningún tipo de obstáculo, u obtenerlo con empeño, un poco de sufrimiento y sacrificio?  Seamos sinceros, la mayoría de nosotros preferiría el camino rápido, vivimos en un mundo que está obsesionado con la velocidad. 

No obstante, esta locura de la rapidez nos está llevando exactamente a ninguna parte.  Debido que la velocidad en las decisiones y en nuestras acciones no siempre es la mejor política, es necesario que pongamos un freno a la obsesión de hacer todo con prontitud.

La Palabra de Dios nos aconseja esto; el apóstol Pedro nos advierte que, en los últimos tiempos las personas empezarán a dudar de las promesas de Dios, debido a que juzgarán la veracidad de sus promesas, pues creerán que Dios se demora demasiado para cumplir con Su promesa de la Segunda Venida.

Asimismo, Pedro nos dice que Su aparente lentitud es algo bueno para nosotros, ya que en realidad el Señor con esto está demostrando Su paciencia al dar más tiempo para que la gente se arrepienta (2 Pedro 3:9); lo anterior también es coherente con Su carácter, que es paciente o tardo para la ira (Éxodo 34:6).

Esta característica también debe estar presente en nuestro carácter, debemos ser lentos para enojarnos y aun más para abrir nuestras bocas (Santiago 1:19).  Santiago nos indica que la “prontitud” está reservada para nuestros oídos; siempre debemos ser más rápidos para escuchar que para hablar.  Tan sólo piensa cuantos problemas nos ahorraríamos si verdaderamente aprendiéramos a escuchar, antes de decir palabras sin sentido o hirientes.

  1. En nuestra carrera por alcanzar nuestras metas y cumplir con los plazos, primero debemos escuchar detalladamente y desacelerar la lengua.
  2. Cuando estés a punto de perder la paciencia con alguien, recuerda lo paciente que Dios ha sido contigo.

HG/MD

“El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con ustedes porque no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

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