Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.
Lectura: Hechos 2:1-12
En Pentecostés, personas de muchas regiones quedaron asombradas porque escuchaban a los discípulos hablar en sus idiomas natales. Hechos 2 no es un relato sobre traducción bíblica moderna, pero revela algo hermoso: el evangelio no está atado a una sola lengua humana. Las maravillas de Dios debían ser anunciadas de manera que distintos pueblos las escucharan.
Ese principio continúa resonando en la historia de la misión cristiana. Hoy existen miles de idiomas hablados y lenguas de señas. Las cifras de acceso bíblico cambian cada año a medida que se completan nuevas traducciones, revisiones y porciones. En 2025, las Sociedades Bíblicas Unidas informaron nuevas publicaciones de traducción en cien idiomas, mientras otras organizaciones siguen trabajando en comunidades que todavía esperan más Escritura disponible, como es el caso de una pareja de misioneros costarricenses Denis y Marcela Vargas quienes con su familia actualmente trabajan en una traducción de la Biblia al Diodio, un dialecto utilizado por un grupo étnico en Papúa Nueva Guinea.
Una traducción no convierte a un idioma en más santo. Hebreo, arameo y griego fueron las lenguas originales en que se escribieron los textos bíblicos, pero el propósito nunca fue obligar a todas las naciones a convertirse lingüísticamente en israelitas o griegos. Traducir reconoce que Dios puede ser anunciado en el idioma del hogar, de los recuerdos, de la oración y de las lágrimas.
Esto debería producir dos respuestas. Primero, gratitud: podemos escuchar la Palabra en español con un vocabulario que entendemos. Segundo, misión: todavía existen personas que necesitan mayor acceso a la Escritura en una lengua y formato que comprendan bien. La historia de la Biblia no terminó cuando llegó a nuestro idioma. La pregunta es qué haremos para que siga avanzando.
El lenguaje del corazón tiene una fuerza especial. Hay palabras que entendemos intelectualmente en otro idioma, pero que nos alcanzan de una manera distinta cuando las escuchamos como las aprendimos en casa. Por eso la traducción bíblica no es un lujo cultural. Busca que personas reales puedan comprender el mensaje con precisión y responder personalmente. Al agradecer nuestra Biblia en español, recordemos que la meta no es simplemente aumentar estadísticas de idiomas, sino que hombres, mujeres, jóvenes y niños puedan escuchar las buenas noticias de Cristo con claridad.
Conclusión. Dios es digno de ser conocido entre todos los pueblos. Cada idioma que recibe las Escrituras nos recuerda que el evangelio está destinado a cruzar fronteras.
Puntos para la reflexión
- Escucha hoy un capítulo de la Biblia en audio y agradece a Dios por poder recibir su Palabra en tu lengua.
- Investiga una organización seria de traducción bíblica y ora por un proyecto específico de traducción como por ejemplo el de los Vargas, en Papúa Nueva Guinea.
Versículo para memorizar: “¿Cómo, pues, oímos nosotros cada uno en nuestro idioma en que nacimos?” (Hechos 2:8 – RVA-2015)
Oremos. Señor, gracias porque tu evangelio puede anunciarse en los idiomas de los pueblos. Abre caminos para que más personas comprendan tu Palabra y muéstrame cómo participar. Amén.
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