Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.
Lectura: Lucas 4:16-21
Imagina entrar en una sinagoga de Nazaret y ver a Jesús ponerse de pie para leer. No abre una aplicación ni pasa páginas de un libro encuadernado. Le entregan un rollo del profeta Isaías. Lo desenrolla, encuentra el pasaje, lee y luego pronuncia una frase que deja a todos atentos: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en los oídos de ustedes”. La escena nos permite mirar por un momento la forma en que las Escrituras eran leídas en el mundo de Jesús.
Jesús conocía, citaba y apelaba constantemente a las Escrituras de Israel. Cuando fue tentado respondió con Deuteronomio. Cuando enseñó acerca del matrimonio volvió a Génesis. Cuando habló de su misión utilizó a Isaías. Después de resucitar explicó a sus discípulos lo escrito en la Ley, los Profetas y los Salmos acerca de Él. Para Jesús, las Escrituras no eran un conjunto de curiosidades religiosas, sino el testimonio autorizado del propósito de Dios.
La lectura de Isaías en Nazaret también nos muestra que la Biblia conduce a Cristo. Eso no significa forzar a Jesús dentro de cada detalle de cada relato, sino reconocer que la gran historia bíblica avanza hacia la obra redentora de Dios. Las promesas, los sacrificios, el reino, el Siervo, la esperanza de restauración y la necesidad humana encuentran su respuesta definitiva en Él.
A veces podemos estudiar la Biblia y perder su centro. Aprendemos fechas, lugares, significados de palabras y debates, pero terminamos admirando nuestros conocimientos más que al Señor. La buena interpretación debería llevarnos a conocer mejor a Dios, comprender el evangelio y responder a Cristo. Cuando abras la Biblia, no preguntes solamente: “¿Qué dato nuevo puedo aprender?”. Pregunta también: “¿Qué me está mostrando este texto acerca del carácter y la obra de Dios, y cómo me conduce a una confianza más profunda en Cristo?”.
Mantener a Cristo en el centro tampoco significa convertir cada detalle en un símbolo secreto acerca de Jesús. Significa leer cada libro dentro de la gran historia que muestra quién es Dios, qué hizo el pecado y cómo avanza su propósito redentor. Así evitamos dos extremos: una lectura que encuentra a Cristo donde el texto no lo señala y otra que estudia la Biblia como si la cruz y la resurrección fueran asuntos secundarios. La Escritura nos da un panorama amplio, pero su esperanza descansa finalmente en lo que Dios ha hecho en su Hijo.
Conclusión. Jesús no trató las Escrituras como un accesorio de su enseñanza. Las leyó, las explicó y mostró cómo el plan de Dios se cumplía en Él.
Puntos para la reflexión
- Lee Lucas 4:16-21 lentamente e identifica qué afirma el texto acerca de la misión de Jesús.
- En tu próxima lectura bíblica, termina escribiendo una frase acerca de lo que el pasaje te enseñó sobre Dios o Cristo.
Versículo para memorizar: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en los oídos de ustedes.” (Lucas 4:21-RVA-2015)
Oremos. Señor Jesús, abre mi entendimiento para comprender las Escrituras y evita que mi conocimiento bíblico se vuelva frío. Que tu Palabra me lleve a conocerte, confiar en ti y seguirte. Amén.
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