Este devocional forma parte de la serie: Más que un Libro.
Lectura: Salmos 119:129-136
En 1569 apareció en Basilea una Biblia completa en castellano traducida por Casiodoro de Reina. Su portada mostraba un oso intentando alcanzar miel de un panal, y por eso llegó a conocerse como la Biblia del Oso. Reina había vivido persecución y exilio, y dedicó años al proyecto. En 1602 Cipriano de Valera publicó una revisión. Con el tiempo, aquella tradición textual llegaría a ser conocida por millones de hispanohablantes como la Reina-Valera.
Para quienes hoy podemos abrir una Biblia en diferentes versiones en español en segundos, cuesta imaginar lo que significaba trabajar durante años para poner las Escrituras en la lengua que la gente hablaba y comprendía. La historia no debe convertirse en una competencia entre traducciones o versiones ni en una idealización de los traductores. Nos invita a agradecer el principio que los impulsaba: las personas necesitan escuchar la Palabra en un idioma que llegue a su entendimiento.
El Salmo 119 dice que la exposición de la Palabra alumbra y hace entender. La luz no sirve si permanece cubierta. De manera similar, una Biblia que no podemos comprender difícilmente podrá orientar nuestros pasos. Por eso la traducción es una forma de servicio: busca atravesar la distancia entre lenguas antiguas y lectores actuales sin reemplazar el mensaje por las ideas del traductor.
Tú probablemente no tendrás que huir de una ciudad para leer una Biblia en español. Esa facilidad es una bendición, pero puede producir indiferencia. Casiodoro de Reina pasó años trabajando para que otros pudieran leer; nosotros a veces no podemos apartar veinte minutos para hacerlo. La mejor manera de honrar la historia de una traducción no es convertirla en una reliquia. Es abrirla, escuchar lo que Dios ha revelado y permitir que su luz entre en las zonas de nuestra vida que todavía preferimos mantener oscuras.
Leer en nuestra propia lengua elimina una excusa. Ya no podemos decir que la Palabra pertenece únicamente a especialistas, ministros, pastores, sacerdotes o personas con formación académica. Hay pasajes difíciles que requieren estudio, pero la historia central del evangelio y muchas instrucciones esenciales son accesibles para el creyente común. Casiodoro de Reina trabajó para que otros entendieran; nosotros honramos ese esfuerzo cuando no convertimos la accesibilidad en indiferencia. Tener la Biblia en castellano debería acercarnos no solo a una lectura más cómoda, sino a una obediencia más consciente.
Conclusión. Tener la Biblia en nuestro idioma es un regalo recibido a través del trabajo y sacrificio de otros. El privilegio encuentra su propósito cuando la leemos y obedecemos.
Puntos para la reflexión
- Da gracias a Dios específicamente por poder leer la Escritura en un idioma que comprendes con naturalidad.
- Lee hoy un salmo completo en la versión de la Biblia de tu preferencia y anota una verdad que puedes llevar a la práctica.
Versículo para memorizar: “La exposición de tu palabra alumbra; hace entender a los ingenuos” Salmos 119:130 (RVA-2015).
Oremos. Señor, gracias por quienes dedicaron años para que otros pudieran comprender tu Palabra. Que nunca trate con indiferencia el privilegio de tenerla en mi propio idioma. Amén.
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