Lectura: 1 Juan 4:7-11
Hace algún tiempo intercambié correspondencia por email con un amigo que estaba acercándose a los 30 años de edad y por diferentes circunstancias de la vida no tenía ninguna relación amorosa seria a la vista. Él es un hombre talentoso, divertido, apuesto, y es un cristiano comprometido, sin embargo, hasta ahora todo en su horizonte romántico ha resultado ser un espejismo.
Meses atrás él había estado entusiasmado por una joven con quien estaba comunicándose por correspondencia. Tristemente, dos semanas antes de conocerse en persona por primera vez, un conductor ebrio la atropelló con el automóvil y ella murió, entonces mi amigo viajó para conocer y acompañar a la familia de la joven, experimentar su dolor y lidiar con su propio sentido de pérdida.
Hoy muchas personas sienten la ausencia del amor tan profundamente como otras celebran su presencia. En un mundo donde el amor significa tanto, ¿existe alguna palabra del Señor para todos, ya sea que vivamos o no con un ser amado con quien hayamos unido nuestras vidas?
1 Juan 4:7-11 no se centra en ser amados por otra persona sino en el amor de Dios por nosotros, y en nuestro amor los unos por los otros. Según primera de Corintios 13:7 este amor: “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Pero ¿cómo es esto posible? Porque como dice Romanos 5:5 el amor de Dios “ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo”.
Puntos para la reflexión:
- Mucho tiempo después de que se hayan olvidado las tarjetas, los globos y las flores, ¡aún hay amor del corazón de Dios en el nuestro!
- Puedes estar seguro del amor de Dios para ti. Eso sí, existe una condición: ¡Tienes que dejarte amar por Él!
Versículo para memorizar:
“Y la esperanza no acarrea vergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” Romanos 5:5– RVA15).
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Este devocional forma parte de la serie: ¿Dónde está el amor?





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