Este devocional forma parte de la serie: Esperanza en Dios.
Lectura: Juan 21:15-19
Un estudiante borró accidentalmente el archivo principal de un proyecto en el que había trabajado durante semanas. Al principio pensó que todo estaba perdido, pero descubrió que el sistema conservaba una copia de recuperación. El error seguía siendo real y había consecuencias, pero no tenía que ser el final de su trabajo. En la vida espiritual, algunos fracasos parecen cerrar para siempre la posibilidad de volver a servir.
Pedro había negado tres veces que conocía a Jesús. Lo hizo después de haber asegurado que estaba dispuesto a morir por Él. Tras la resurrección, el Señor no ignoró su pecado pero no lo humilló delante de todos. Junto al mar, le preguntó tres veces si lo amaba y le encomendó cuidar de sus ovejas. Jesús trató la raíz del fracaso, restauró la relación y volvió a darle una responsabilidad.
La restauración bíblica no llama bueno a lo malo. Pedro tuvo que enfrentarse a su falta de valor y aprender que no podía confiar en su propia seguridad. Pero su pecado no fue más grande que la gracia de Cristo. El Señor no sólo perdona; también puede volver a usar a quienes se acercan con arrepentimiento y humildad. Las cicatrices del fracaso pueden convertirse en recordatorios de nuestra dependencia.
Quizás todavía te defines por una decisión equivocada, una caída moral o una oportunidad perdida. Si has pecado, no lo escondas ni lo justifiques. Confiésalo, busca ayuda y acepta las consecuencias necesarias. Pero tampoco declares terminado lo que Cristo todavía puede restaurar. La esperanza después del fracaso no está en demostrar que nunca volverás a equivocarte, sino en caminar cerca del Salvador que conoce tu debilidad y sigue llamándote a seguirlo.
Puntos para la reflexión:
1. Da hoy un paso concreto de arrepentimiento: confiesa ante Dios lo que has hecho, pídele perdón a la persona afectada o si es el caso busca acompañamiento pastoral para abandonar el pecado.
2. Identifica una forma humilde de volver a servir sin intentar recuperar prestigio. Hazlo para obedecer a Cristo, no para demostrarles algo a los demás.
Versículo para memorizar:
«“Le dijo por tercera vez: Simón hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez: “¿Me amas?”. Y le dijo: Señor, tú conoces todas las cosas. Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”. Juan 21:17 – RVA-2015.
Oración final
Jesús, tú conoces mis fracasos y no necesitas que los esconda. Dame humildad para confesar, reparar lo que sea posible y aceptar las consecuencias necesarias. Gracias porque tu gracia es mayor que mi caída. Restaura mi comunión contigo y enséñame a volver a servir sin orgullo, apoyándome en tu fuerza y no en mi propia seguridad. Amén.
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