Lectura: Filipenses 3:7-14

Hace muchos años, antes de que hicieran su aparición los teléfonos inteligentes, tabletas, video juegos y demás artilugios modernos, quizás para algunos hubiera podido parecer la época de las cavernas, pero en realidad no fue hace tantos años.

Pasábamos los días jugando, corriendo y descubriendo.  Aún recuerdo que un par de veces al año a mi escuela rural llegaba la biblioteca rodante, se trataba de un viejo autobús cuyo interior habían acondicionado con estantes llenos de libros infantiles, clásicos y de aventura; esto permitió que muchos niños como yo, pudiéramos tener acceso a libros a los que de otro modo no hubiéramos podido acceder.

Aún hoy sigo agradecido por el amor a la lectura que fomentó en mí aquella sencilla biblioteca rodante.

Y no soy el único que ama los libros, el apóstol Pablo también amaba los libros y los estudió hasta el final de sus días. En su última carta, escribió: “Trae, cuando vengas, el manto que dejé en Troas en casa de Carpo, y los rollos; especialmente los pergaminos” (2 Timoteo 4:13). Es muy probable que estuviera pidiendo el Antiguo Testamento y algunos de sus escritos.

Casi podemos estar seguros de que más allá de adquirir conocimiento tan solo para satisfacer su curiosidad intelectual o por entretenimiento, lo que impulsaba a Pablo era buscar a Cristo en medio de las profecías, tipos, o situaciones que señalaban al Señor en sus lecturas del Antiguo Testamento.

Es por ello que en el siguiente versículo el apóstol Pablo nos comparte una de sus más grandes metas con respecto a Jesús: “Anhelo conocerlo a él y el poder de su resurrección, y participar en sus padecimientos, para ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).

  1. Nuestra búsqueda debe ser la misma que la del apóstol Pablo: Conocer a Jesús.
  2. ¿Tienes algún plan para estudiar la Biblia? Si no es así, en nuestra página puedes encontrar algunos planes de lectura anual y métodos de estudio sencillos; empieza cuanto antes, no te arrepentirás.

HG/MD

“Anhelo conocerlo a él y el poder de su resurrección, y participar en sus padecimientos, para ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).