Lectura: Romanos 1:8-17
La joven madre había estado pasando por muchos problemas en su trabajo, y en su casa las cosas no iban mejor, la casa de sus sueños ahora se había convertido en la casa de sus pesadillas ya que cada semana aparecía otra cosa que reparar.
En medio de todas estas situaciones ella se dispuso a ir de compras a la tienda de comestibles. Pero cuando el cajero sumó el costo de los artículos la mujer se dio cuenta que había comprado $100 más de lo que traía consigo, y ese día no había llevado sus tarjetas de crédito.
Entonces ocurrió algo inusual. El hombre que estaba detrás de ella en la línea de las cajas la vio hurgando en su bolso y al ver la congoja de la mujer le dijo a la cajera que sumara la cantidad adeudada por ella en su factura. De inmediato la mujer le dio las gracias y le pidió el nombre y teléfono para poder hacerle la devolución del dinero, no obstante, de forma modesta el hombre se negó a darle la información.
Días después cuando llegó el domingo ella salió para la iglesia donde se reunían y ese día estaban haciendo una colecta especial para llevar comida a una familia que lo había perdido todo, así que la mujer decidió hacer algo igual de generoso, se dijo así misma: “Estos 100 dólares es la forma de extender a otros la generosidad de una persona que me ayudó a salir de una situación difícil”.
Este pequeño incidente ilustra un principio espiritual vital, debemos sentir el compromiso de transmitir a los demás el amor inmerecido que hemos recibido. Así es como el apóstol Pablo respondió a la misericordia de Dios. Por supuesto, él nunca hubiera podido pagarle al Señor por su salvación, pero eso no le impidió mostrar abiertamente su gratitud. A causa de lo que había recibido mostró la más alta clase de caridad y amor al prójimo al compartir el evangelio con otros.
No pensemos que como no podemos pagarle a Dios por salvarnos, no podemos mostrar a otros nuestra gratitud. Tenemos una deuda de amor con Él para siempre, y lo menos que podemos hacer es mostrarle nuestro aprecio al decirles a otros acerca de su sacrificio y del regalo de perdón que Dios tiene para todas las personas que decidan aceptarlo.
Puntos para la reflexión:
- ¿Cómo podemos sólo dar sólo un poco cuando Cristo dio todo?
- Esta semana realiza intencionalmente un acto desinteresado por otra persona y si puedes comparte con alguien el regalo de amor de Cristo.
Versículo para memorizar:
Primeramente, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo con respecto a todos ustedes, porque su fe es proclamada en todo el mundo – Romanos 1:8 – RVA15.
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